Detener el infanticidio.

Las fuerzas armadas israelíes matan a más niños y niñas en Gaza
En la Franja de Gaza, las autoridades sanitarias afirman que las fuerzas armadas israelíes mataron el martes a al menos diez palestinos, incluido un niño. Muataz Abu Shaar, de diez años, fue alcanzado por disparos de las fuerzas armadas israelíes en Rafah, en el sur de Gaza. Más de 1.100 palestinos han muerto a causa de ataques israelíes desde que entró en vigor en octubre de 2025 el supuesto alto el fuego entre Israel y Hamás. Más de 260 de los fallecidos son menores de edad. El domingo, Tala Abu Matar, de nueve años, murió cuando Israel atacó el campamento de refugiados de al-Bureij. Abu Matar fue una de las seis personas palestinas que murieron en Gaza ese día. https://www.democracynow.org/es

ONU: Al menos 21.000 de los 40.500 niños gazatíes que han sufrido nuevas lesiones como resultado de los bombardeos y otras agresiones militares en ese territorio palestino tienen ahora algún tipo de discapacidad, revela el comité de expertos especializados en los derechos de esas personas.
Las continuas órdenes israelíes de evacuación en la Franja de Gaza obligan a las personas con discapacidad a huir en condiciones inseguras e indignas, como arrastrarse por la arena o el barro sin asistencia para la movilidad, señaló este miércoles el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

El grupo de expertos presentó a la prensa su informe sobre la situación de esas personas en los territorios palestinos ocupados.
Entre sus hallazgos, el Comité reportó que al menos 21.000 niños gazatíes han quedado discapacitados desde que comenzaron los bombardeos y las operaciones terrestres israelíes en Gaza.

“Unos 40.500 niños han sufrido nuevas lesiones relacionadas con la guerra , y más de la mitad de ellos han quedado discapacitados”, detalló el Comité.
Los expertos citaron los datos del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), que hasta hace un año cifraban en más de mil a los niños con amputaciones. “Esto significa que, si se aplica este promedio y con el aumento de las operaciones militares, el número será, sin duda, mayor, e incluso podría duplicarse”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que entre 480.000 y 485.000 personas tienen problemas de salud mental o discapacidad psicosocial, y que la gran mayoría de ellas son niños.

Sin servicios esenciales
Los expertos destacaron la falta de servicios especializados y esenciales, equipo médico y dispositivos de asistencia, subrayando que estas carencias provocaron la muerte de niños y personas mayores con discapacidad.
Además, citaron con alarma las víctimas fatales causadas por la hambruna, la desnutrición aguda y la falta de acceso al agua en Gaza.
El Comité enfatizó los impactos desproporcionados en las personas discapacitadas de las privaciones causadas por el bloqueo de la ayuda humanitaria.
Las personas con discapacidad se enfrentaron a graves interrupciones en la asistencia, dejando a muchas sin alimentos, agua potable ni saneamiento, y dependiendo de otros para sobrevivir.

Las prohibiciones de entrada, las limitaciones a la ayuda, los ataques a convoyes y la escasez general empeoraron la situación, mientras que la discriminación en la distribución excluye sistemáticamente a las personas con discapacidad, y las mujeres con discapacidad desplazadas se enfrentan a barreras particulares.
Obstáculos físicos, como los escombros y la pérdida de dispositivos de movilidad, impiden aún más llegar a los puntos de ayuda reubicados, especialmente a las personas mayores, añadió el Comité.

Los expertos precisaron que el 83% de las personas con discapacidad han perdido sus dispositivos de asistencia y no pueden permitirse alternativas, como carretas tiradas por burros.

“Déjenme aquí”.
El informe del Comité incluye testimonios desgarradores del sufrimiento particular de las personas con discapacidad, como el caso de una niña de 14 años con parálisis cerebral en silla de ruedas que, al huir con su familia de los ataques aéreos israelíes en Rafah, no tuvo más opción que empezar a gatear y le pidió a sus padres que corrieran sin ella, porque los estaba retrasando y poniendo en peligro sus vidas: “Déjenme aquí”, les dijo.
Otro triste caso que recalca el impacto de la guerra en las personas con discapacidad es el de Abdulrahman Al Rabawi, un hombre con parálisis cerebral y discapacidad en las extremidades inferiores, cuya madre debió llevar su silla de ruedas mientras su padre y hermano lo llevaban cargado a él durante trece desplazamientos debidos a las órdenes de evacuación. Finalmente, la familia decidió quedarse en las dos habitaciones de una casa destruida, hacinados con sus primos y familiares.. “Ya no podían moverse más”, explicó Muhannad Salah Al-Azzeh.

Corredores seguros.
El Comité urgió a garantizar corredores seguros e instó a terceros Estados a agilizar los procedimientos de evacuación para que los adultos, niños y personas mayores con discapacidad puedan salir con el apoyo médico, psicosocial y de rehabilitación que necesitan.
También instó a Israel a levantar las restricciones a las operaciones humanitarias, permitir la entrada sin restricciones de suministros esenciales y la distribución de ayuda.
A las agencias humanitarias, les recomendó adoptar prácticas inclusivas para las personas con discapacidad, garantizando el acceso no discriminatorio para mujeres y niñas y apoyando a las personas con discapacidad.

Asimismo, instó a los donantes y organizaciones internacionales a asegurar que los fondos de reconstrucción prioricen la accesibilidad, el apoyo individualizado y la inclusión comunitaria.
Uno de cada cinco niños en la ciudad de Gaza está gravemente desnutrido .
ONU: El porcentaje de niños identificados con desnutrición aguda aumentó al 19%, frente al 16% registrado en julio. El fondo para la infancia advierte que alrededor de una docena de centros de nutrición han sido forzados a cerrar en esa zona debido a la escalada militar, dejando a los niños aún más vulnerables. Mientras, el número de personas que murieron cuando iban a buscar comida sobrepasa las 2000.

AI: En Gaza, la infancia se ha convertido en sinónimo de pérdida, miedo y desarraigo. Cada día, miles de niños y niñas intentan sobrevivir entre ruinas, desplazamientos forzados y duelos interminables, mientras sus derechos son vulnerados de forma sistemática y el mundo corre el peligro de normalizar la barbarie.
Los informes de Naciones Unidas han documentado el uso reiterado de armas explosivas en áreas densamente pobladas, lo que multiplica las víctimas infantiles y destruye hospitales, escuelas y viviendas. Las restricciones a la entrada de ayuda humanitaria, la escasez de medicamentos y la saturación del sistema de salud ponen en peligro la vida de los niños y las niñas heridos o con enfermedades crónicas, mientras que el acceso limitado a agua potable y saneamiento agrava aún más los riesgos sanitarios.
El Comité sobre los Derechos del Niño de la ONU ya alertó en 2024 de que el número de niños y niñas asesinados, heridos o desaparecidos en Gaza no tenía precedentes recientes y que se estaba produciendo una violación masiva de sus derechos fundamentales.

Muchos niños, niñas y adolescentes son trasladados a prisiones fuera del territorio palestino, lo que dificulta las visitas familiares y profundiza el aislamiento. En numerosos casos, enfrentan penas desproporcionadas por delitos menores. Así, la detención de niñas, niños y adolescentes se convierte en un mecanismo que no solo castiga a una persona, sino que quiebra familias, interrumpe vidas y extiende el miedo como forma de control.
En el informe titulado «La esencia de la infancia ha sido destruida«, los investigadores de la ONU señalan que la intensidad y la naturaleza sistemática de las operaciones militares israelíes han provocado un número «sin precedentes» de muertes, heridos y traumas entre los niños palestinos.

«sobre la base de las pruebas revisadas y en consonancia con sus informes anteriores, la Comisión concluye que existen motivos razonables para creer que las autoridades y las fuerzas de seguridad israelíes han continuado cometiendo crímenes de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en la Franja de Gaza, así como crímenes de guerra en Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental».
El informe señala que los asesinatos y las heridas sufridas por niños palestinos «formaban parte de una estrategia para destruir la continuidad biológica y la futura existencia del grupo palestino en Gaza».

Francotiradores israelíes que matan niños en Gaza apuntando «a la cabeza y la parte superior del cuerpo». Es la demoledora conclusión de la comisión investigadora de la ONU para Palestina.
Israel comete genocidio al atacar deliberadamente a niños palestinos, concluye una comisión de investigación de la ONU
Las autoridades y fuerzas de seguridad israelíes han cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad contra niños palestinos, concluyó una comisión especializada de la ONU. Su informe documenta muertes, heridas, hambre, tortura y la destrucción de escuelas, hospitales y otras estructuras esenciales para la infancia, y aporta nuevos elementos a su conclusión previa de que se ha cometido un genocidio en Gaza.
Los expertos afirmaron que las pruebas reunidas revelan un patrón de conducta destinado a destruir la continuidad biológica y el futuro de la población palestina en Gaza.

A su juicio, el ataque deliberado contra niños constituye uno de los elementos que demuestra la intención específica de destruir, total o parcialmente, al grupo palestino en ese territorio.
Según la Comisión, el 97% de las escuelas de Gaza han sido destruidas y el 95% de las universidades han resultado afectadas. De las 38 universidades del territorio, 22 habrían quedado completamente destruidas.
Los investigadores consideran que la destrucción de las instituciones educativas no solo priva a los niños de su derecho a la enseñanza, sino que socava las bases sociales e intelectuales de la sociedad palestina.
La Comisión pidió a los Estados adoptar medidas para garantizar la rendición de cuentas por las violaciones cometidas contra niños palestinos.

Entre sus recomendaciones, solicitó investigar a individuos y organizaciones sospechosos de participar en actos de violencia ilegal mediante tribunales nacionales o el principio de jurisdicción universal.
También instó a los Estados a cumplir las órdenes de arresto emitidas por la Corte Penal Internacional, emplear todos los medios razonablemente disponibles para prevenir genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, y suspender las transferencias de armas, equipos o materiales que puedan utilizarse para violar el derecho internacional.

Palestina. El hombre que caminó hacia la «Línea Amarilla» en Gaza y el hijo que llevaba consigo.
DropSiteNews /Resumen de Medio Oriente, 15 de julio 2026
El deterioro mental de Osama Al-Shafi, producto del estrés de la guerra, culminó con su deambular en un estado de disociación hacia los soldados israelíes que lo detuvieron a él y a su hijo pequeño.
Historia de Mohanad El-Hemrawi
CAMPO DE REFUGIADOS DE AL-MAGHAZI, Franja de Gaza — A medianoche, Waad al-Shafi seguía despierta, sentada en el suelo junto a su hijo Jawad, de 22 meses. La habitación era pequeña y estaba deteriorada por los bombardeos israelíes. Largas grietas recorrían el hormigón y trozos de pintura colgaban de las esquinas. La tenue luz proyectaba sombras en la pared tras ella.
Sostenía un paño humedecido con agua fría, que aplicaba suavemente sobre los pies de Jawad mientras dormía. Cada pocos instantes, ponía la mano sobre su pecho y sentía su respiración. Jawad se removió antes de abrir los ojos de golpe. Dejó escapar un leve gemido antes de que las palabras salieran entrecortadas: «Bang. Sangre. Tanque».
Waad no le preguntó qué quería decir. Lo sabía. Se inclinó hacia él y le acarició el cabello con una mano, mientras mantenía la otra apoyada sobre él. Cuando su voz se apagó de nuevo, ella permaneció sentada a su lado, despierta, observando el subir y bajar de su pecho.
Jawad lleva así desde el 19 de marzo, cuando su padre, Osama Al-Shafi, le dijo que lo llevaría a la tienda a comprar caramelos. Lo alzó sobre sus hombros y salió. La tienda estaba al oeste, cerca de su casa, en la zona este del campo de refugiados de Al-Maghazi, a unos cientos de metros de la «línea amarilla». Al salir de casa, cambió de dirección repentinamente y empezó a vagar hacia el este.
Según Waad, Al-Shafi ya mostraba signos de angustia psicológica, agotado por las duras condiciones de vida y los horrores del ataque genocida de Israel contra Gaza. Se ganaba la vida a duras penas con un carro tirado por caballos, pero dos meses antes, el animal había muerto en un bombardeo. A partir de entonces, ya no pudo mantener a su familia. La escasez de alimentos y artículos de primera necesidad empeoró drásticamente.
El padre de Al-Shafi, Mohammad, declaró que su deterioro mental se hizo evidente aproximadamente un mes y medio después de la muerte del caballo. Al-Shafi rompía las ventanas de la casa y destrozaba los muebles. Comenzó a tener altercados con los vecinos e, incluso, con su propia familia. La familia había estado buscando tratamiento para él. Mohammad afirmó estar seguro de que Al-Shafi no era consciente de lo que hacía.
Aquella mañana de marzo, con Jawad a cuestas, Al-Shafi caminó hacia el este, en dirección a la «línea amarilla» donde se encontraban las fuerzas israelíes, a tan solo 500 metros de su casa. Al acercarse, las fuerzas israelíes abrieron fuego contra ellos. Ninguna bala les alcanzó, pero él no retrocedió. Los vecinos contaron después que Osama no se inmutó ante los disparos, no corrió ni buscó refugio; parecía no comprender del todo lo que sucedía. Simplemente siguió caminando hacia el este, en dirección a las tropas israelíes, como si no pudiera oír ni ver lo que tenía delante.
—Intenté llegar hasta él —dijo Mohammed—, pero me detuvieron para que no me hicieran daño, porque la ocupación mata a cualquiera que se acerque. Así que Mohammed se quedó allí, inmóvil, presenciando con horror cómo su hijo cargaba a su nieto y caminaba con calma hacia lo que parecía ser su fin.
Waad oyó disparos, y entonces un pequeño cuadricóptero se acercó. Por un altavoz, le ordenó a Al-Shafi que se quitara la ropa hasta quedarse en ropa interior y que desnudara a Jawad, que aún no tenía dos años. Cuatro soldados se aproximaron y los rodearon. Le ordenaron a Al-Shafi que pusiera al niño en el suelo y avanzara lentamente hacia ellos.

Según Waad, Al-Shafi fue separado de su hijo y retenido, y Jawad fue llevado solo. La familia pasó todo el día sumida en el miedo, al ver cómo les arrebataban al padre y al hijo sin previo aviso. A las 10 de la noche, aproximadamente doce horas después del incidente, recibieron una llamada del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR): las tropas israelíes habían devuelto a Jawad. Un equipo del CICR llegó entonces cerca del mercado de Maghazi, próximo a la residencia de la familia, y entregó al bebé. El CICR informó a la familia que Al-Shafi había recibido un disparo en el hombro, pero no tenía más información sobre su detención.
Waad recibió a Jawad envuelto en una lámina de plástico. Le dijeron que se había quedado dormido por el frío. Cuando lo tomó en brazos, él rompió a gritar. Al quitarle la ropa, encontró sangre, quemaduras y heridas punzantes en sus piernas y rodillas.
Un informe médico del Hospital de los Mártires de Al-Aqsa en Deir al-Balah, revisado por Drop Site, indica que el niño llegó con hinchazón en la rodilla derecha y vómitos repetidos, además de heridas incisas alrededor de las rodillas y profundas heridas punzantes en la parte inferior del cuerpo. Su estado general era estable, sin lesiones internas. La familia afirmó que el Dr. Bisan Ahmad, quien examinó a Jawad, determinó que las marcas en sus piernas eran compatibles con quemaduras de cigarrillo deliberadas, utilizadas como forma de tortura física.

Los médicos trataron las heridas físicas de Jawad, pero el daño psicológico del incidente fue mucho más profundo. Su padre, destrozado por la guerra, había llevado a su hijo hacia los soldados. En toda Gaza, la guerra está destrozando a muchos adultos y a los niños a quienes se supone que deben proteger.
Más de 73.000 palestinos han muerto en la guerra de Israel contra Gaza, incluyendo más de 1.000 desde que entró en vigor el llamado alto el fuego en octubre de 2025. Más de 173.000 han resultado heridos, más de 3.400 de ellos desde el “alto el fuego”. Miles de palestinos han sido detenidos arbitrariamente en Gaza y recluidos en campos de prisioneros israelíes sin cargos ni juicio, y sometidos a abusos y torturas sistemáticas.
En un informe titulado «Tortura y genocidio», la relatora especial de la ONU sobre el territorio palestino ocupado, Francesca Albanese, advirtió que la tortura israelí a detenidos palestinos «sugiere venganza colectiva e intención destructiva». Lo sucedido a Jawad se inscribe en ese patrón más amplio: la transformación de todo un territorio en un espacio de castigo colectivo.
Mohammed Al-Kurd es asesor de apoyo psicosocial en Gaza y especialista en psicología de la protección, la rehabilitación y la reintegración. Durante años, su trabajo lo ha llevado a convivir con niños, mujeres, familias desplazadas, heridos y personas que cargan con traumas que no pueden superar. Al-Kurd explicó que, para comprender el caso de Al-Shafi, es necesario considerar el panorama completo: las pérdidas sufridas, la lucha diaria por sobrevivir, el miedo constante y, finalmente, un golpe repentino. A menudo, señaló, las crisis nerviosas son la acumulación de un trauma persistente: el momento en que todo lo que se ha acumulado en el interior de una persona finalmente sale a la luz.

Al-Shafi siguió caminando hacia el este, en dirección al peligro, sin oír los disparos a su alrededor ni las voces que le suplicaban que retrocediera. Cuando el agotamiento de una persona supera su límite, la mente puede recurrir a un mecanismo de defensa psicológico conocido como disociación, como si intentara protegerse de algo que no puede soportar. En ese estado, la persona puede sentirse desconectada de la realidad, de sus propios sentimientos, de cualquier noción de tiempo y espacio. El cuerpo permanece presente. La consciencia, no.
Al-Kurd afirmó que un momento como el de Al-Shafi no podía interpretarse al margen de todo lo que lo precedió. Bajo una amenaza prolongada, la mente comenzó a percibir la vida misma como una emergencia sin fin, en alerta ante un peligro que nunca desaparece. Con el tiempo, esto desgasta a la persona de maneras que van más allá del miedo. La concentración se debilita. La memoria falla. Para algunos, la sensación de que la vida aún tiene sentido comienza a desvanecerse. Este era el arco que el padre de Al-Shafi había descrito. Su paseo aquella mañana no fue ajeno a ese desmoronamiento. Fue su punto culminante.

Jawad también está profundamente traumatizado. Las palabras le salen entrecortadas. Se despierta aterrorizado por la noche. No logra conciliar el sueño profundo propio de un niño. Al-Kurd explicó que un niño tan pequeño quizás no tenga las palabras para describir lo que le sucedió, pero lo guarda en su cuerpo y en su memoria emocional. El miedo intenso y repetido mantiene el cerebro del niño en un estado constante de alerta, hasta que el sueño mismo, que debería ser un refugio, se convierte en otra amenaza.

Las noches de angustia de Jawad no son un caso aislado. Un estudio realizado por el Centro de Capacitación Comunitaria para la Gestión de Crisis, con sede en Gaza y con el apoyo de la Alianza contra los Niños de Guerra, contextualizó el terror nocturno de Jawad. Entre los niños examinados, aproximadamente el 79% sufría pesadillas persistentes.
Al-Kurd afirmó que los especialistas han comenzado a hablar de «trauma continuo» en lugar de «postraumático», porque «post» presupone que el evento ha terminado, y en Gaza no ha terminado. Cuando Jawad grita por la noche, no está recordando lo que le sucedió en el pasado, sino que está expresando una respuesta a una experiencia traumática en curso.

Desde la noche de su regreso, Jawad duerme a ratos. Su madre permanece a su lado durante largas horas, aplicándole compresas frías en la frente y ungiéndole las quemaduras de los pies, esperando a que se calme. El padre, que debería estar con ellos, sigue detenido, y se desconoce su paradero.
Mohammed contó que el momento más difícil llegó cuando Jawad miró una foto en un calendario colgado en la pared, un olivo bajo el cielo abierto, y le dijo: «Aquí es donde el ejército nos disparó». El niño había asociado la imagen con lo que había vivido. El calendario se había convertido en una ventana a aquella mañana. No buscaba un recuerdo. Señalaba algo que aún llevaba dentro.


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