9 de agosto

9 de agosto: desde los territorios, celebramos a los Pueblos Indígenas.
SEMILLAS
DE fortaleza
Las Mujeres Indígenas, lideresas del cambio, enfrentan desafíos con resiliencia. Compartimos inspiradoras historias de empoderamiento, organizaciones y comunidades Indígenas.

Herencia que sana: el camino espiritual de las Mujeres Muiscas
Colombia Cabildo Muisca de Bosa
Los Muiscas han experimentado en Colombia múltiples violencias y despojos. Ubicado en el corazón de Bogotá, el Cabildo Muisca de Bosa enfrenta esos abusos defendiendo el territorio y rescatando prácticas ancestrales. Las Mujeres Indígenas que lo conforman se han fortalecido dentro de sus clanes a partir de la ritualidad y el autocuidado.

Una historia de dolor
Decenas de mujeres se abrazan frente al fuego. La espiral del humo blanco se eleva sobre ellas. Han salido del Cusmuy, la casa sagrada común donde compartieron la medicina y la espiritualidad para hacer ofrenda a las lagunas. Son Mujeres Indígenas descendientes de los Muiscas. Se miran a los ojos: tocan maracas y tambores, se asumen como tejedoras u orfebres. Vestidas de blanco, sostienen con sus manos la antigüedad sagrada de la Cordillera Oriental de los Andes en el centro de Bogotá, la capital de Colombia.

Como parte de los Muiscas, ellas, sus hermanas y hermanos o sus antepasados han experimentado múltiples violencias desplazamientos forzosos por enfrentamientos armados o por las consecuencias del cambio climático y la contaminación; despojo territorial por parte de empresas extractivistas o especuladores inmobiliarios; racismo, negación o apropiación cultural; violencia de género dentro o fuera de su comunidad. Solas, o dispersas, las Mujeres Muiscas no han podido combatir estas violencias.
La vuelta al territorio ancestral, y su reconocimiento a partir de la lucha conjunta, les ha permitido encontrar estrategias para enfrentar los abusos y fortalecer su identidad. como indígenas y como mujeres.
La lucha por el territorio
Durante más de diez años, los clanes nucleados en el Cabildo Muisca de Bosa han luchado y negociado con el Distrito de Bogotá para que se reconozcan sus territorios ancestrales frente al avance de la urbanización y las ocupaciones ilegales.
Actualmente, el Cabildo es una organización de carácter especial reconocida por el Ministerio del Interior de Colombia. Los clanes que la integran son pobladores originarios de Bacatá, el nombre indígena de Bogotá. Un pueblo antiguo en el que hombres y mujeres se dedicaban al trabajo de la tierra y a la pesca, cuando los territorios eran extensos y fértiles, y las aguas del río no estaban contaminadas.

El reconocimiento del Cabildo les permitió a sus integrantes impulsar actividades para recuperar la memoria y los saberes ancestrales. Allí se llevan a cabo prácticas tradicionales que rescatan la cultura, la educación, la medicina, la economía, las formas de gobierno y la justicia propias. Así, se preserva el legado de los ancestros y ancestras presente en la sangre de los diferentes clanes que integran el Cabildo. Reunidos en los círculos de la palabra, los mayores y mayoras comparten sus historias y sus conocimientos para que toda la comunidad pueda ponerlos en práctica.
Los Muiscas, protectores de la semilla, ejercen una organización en espiral donde la punta la tiene el hombre, pero los cimientos y la continuidad le pertenecen a la mujer. Así lo muestra el Mito de Bague, que dice que en el principio solo existía Bague, la Madre Abuela. Cuando ella gritó, aparecieron los dioses, la luz, las plantas, los animales y los Muiscas. Para las mujeres Muiscas, ellas fueron sembradas como luceros en el espacio. Incluso luego del reconocimiento del Cabildo, la autodeterminación es un proceso que les ha costado mucho, porque su vida cotidiana se rige por las leyes de los clanes familiares.

SUPERANDO DESAFÍOS: MUJERES INDÍGENAS LIDERANDO EL CAMBIO CONTRA TODO PRONÓSTICO. Kenia.
En las regiones áridas y a menudo ignoradas de Kenia, el cambio no llega de manera amable. Llega entre el polvo, en tardes abrasadoras que derriten la motivación. Llega en medio de zonas de conflicto, tensiones tribales y un calor que hace que la idea de un jardín verde parezca ficción. Y aun así, en cuatro comunidades —West Pokot, Maasai, Rendille y Samburu— las mujeres están construyendo aquello que se les dijo que no podía construirse.
En las regiones áridas y a menudo ignoradas de Kenia, el cambio no llega de manera amable. Llega entre el polvo, en tardes abrasadoras que derriten la motivación. Llega en medio de zonas de conflicto, tensiones tribales y un calor que hace que la idea de un jardín verde parezca ficción. Y aun así, en cuatro comunidades —West Pokot, Maasai, Rendille y Samburu— las mujeres están construyendo aquello que se les dijo que no podía construirse.
El Fondo de Mujeres Indígenas AYNI de FIMI ha consolidado un mecanismo de refinanciamiento que distribuye recursos a organizaciones locales de Mujeres Indígenas que, de otro modo, quedarían excluidas del financiamiento debido a la falta de registro legal formal o capacidad administrativa. A través de la selección estratégica de redes y organizaciones regionales lideradas por Pueblos Indígenas con fuerte presencia territorial —como la IIN, una red regional liderada por Pueblos Indígenas con experiencia en acompañamiento y administración de fondos— se identifican y apoyan proyectos liderados por Mujeres Indígenas en distintos países mediante financiamiento directo y flexible, permitiéndoles desarrollar sus iniciativas de manera autónoma y culturalmente pertinente.

Este modelo no solo permite que las organizaciones accedan por primera vez a financiamiento directo y fortalezcan su impacto a nivel comunitario, sino que también crea caminos hacia la sostenibilidad a largo plazo y el reconocimiento dentro del ecosistema de financiamiento. Al mismo tiempo, incrementa la eficiencia operativa al reducir costos administrativos y de transacción, ya que los fondos se transfieren a un intermediario de confianza que distribuye los recursos, acompaña a las organizaciones locales y consolida los procesos de monitoreo y reporte.
A través del mecanismo de refinanciamiento del Fondo AYNI de FIMI a la Red Internacional Indígena (IIN), se facilitaron proyectos arraigados en la supervivencia cotidiana y la autosuficiencia a largo plazo: huertos familiares, crianza de gallinas, elaboración de perlas, preservación de la cultura y educación en derechos de las mujeres frente a la violencia basada en género.
Las subvenciones hicieron más que financiar actividades. Desbloquearon habilidades, confianza y sistemas comunitarios, y los resultados se expandieron más allá de las fronteras, más allá de los clanes, más allá del plan original.

CUANDO LA COMUNIDAD NEPALÍ SE ORGANIZA, LA VOZ DE LAS MUJERES INDÍGENAS CON DISCAPACIDAD SE FORTALECE. Nepal.
En Nepal, las Mujeres Indígenas continúan viviendo en un contexto marcado por jerarquías de casta, normas patriarcales y profundas desigualdades sociales que limitan su acceso a la justicia, la educación y la participación pública. Para las Mujeres Indígenas con discapacidad (MID), estas barreras se multiplican por la estigmatización y la violencia persistente —que va desde el abuso sexual hasta el aislamiento dentro de sus propios hogares— condiciones que silencian sus voces y restringen su autonomía. En distritos remotos, donde la presencia del Estado es limitada, estos daños suelen permanecer invisibles.

VOCES DE RESILIENCIA: MUJERES JARAI ALO KOLO DE WESTERN SANTO, VANUATU, GUARDIANAS UNIDAS DE LA MADRE TIERRA
Las Comunidades Indígenas de Western Santo, en Vanuatu, viven principalmente a lo largo de la costa, al pie de una extensa cadena montañosa que atraviesa la isla de norte a sur. Esta cordillera está cubierta de bosque nativo y alberga muchas de las especies endémicas de Vanuatu, lo que le ha valido el reconocimiento como área clave de biodiversidad. Para las Mujeres Indígenas de esta región, esta tierra no es solo un lugar de recursos; es su Madre Tierra, sagrada y generadora de vida, que les brinda no solo sustento, sino también identidad cultural y conexión espiritual. Sin embargo, en sus laderas se encuentran valiosos árboles de madera dura, que han atraído el interés de empresas madereras extranjeras.
Western Santo, el mayor punto crítico de biodiversidad de Vanuatu, enfrentó una intensa presión de empresas extranjeras de tala y minería que ofrecían dinero en efectivo a jefes y propietarios de tierras para explotar los bosques ancestrales. Las mujeres de Western Santo no tenían voz formal en la toma de decisiones locales, aunque eran fundamentales para sostener los sistemas alimentarios y proteger la biodiversidad. La COVID-19, la guerra en Ucrania (aumento en los costos del combustible) y el ciclón Harold agravaron la dependencia económica y aceleraron la explotación de recursos, poniendo en riesgo especies en peligro y territorios sagrados.
A finales de la década de 1990, una de estas empresas comenzó operaciones en Wunpuko-Hokua, en el noroeste de Santo (NW Santo). Su permanencia fue breve: los propietarios tradicionales de los recursos descubrieron que la empresa estaba talando ilegalmente mucho más allá de lo permitido por su licencia gubernamental. La operación no aportó ningún beneficio a las comunidades del NW Santo. En cambio, dejó un paisaje devastado, con daños aún visibles hoy.

Las Mujeres Indígenas necesitamos financiamientos estratégicos que respeten la libre determinación de nuestros pueblos
Las Mujeres Indígenas recomendamos que los mecanismos y políticas de financiamiento internacional sean inclusivos, culturalmente sensibles y diseñados con un profundo conocimiento de las culturas, prácticas y necesidades indígenas. Para lograrlo, resulta fundamental que participemos en los procesos de toma de decisiones.
15 de marzo de 2024.- En un evento virtual paralelo a la 68ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW68), lideresas y organizaciones aliadas del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) discutimos sobre la distribución de los recursos otorgados para la prevención y eliminación de las violencias contra Niñas y Mujeres Indígenas alrededor del mundo.

En el evento virtual, denominado Del compromiso a la acción: financiamiento para la implementación de la Recomendación General 39, reflexionamos sobre algunas iniciativas que demuestran que la violencia puede ser abordada, reducida y, con perseverancia, eliminada sistemáticamente, si se implementan los fondos suficientes que eliminen las brechas de desigualdad estructural que afectan a las Mujeres Indígenas.
Hindou Oumarou Ibrahim —del pueblo de Mbororo, en Chad, un país situado en el norte de África Central—, integrante del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU, aseguró que mayoritariamente son las mujeres las que protegen los territorios y sus recursos naturales. “Necesitamos financiamientos que vayan directamente a las comunidades indígenas y específicamente a las mujeres para reforzar sus capacidades y facilitarles las herramientas para que puedan hacer lo que ya están haciendo”, señaló.
Durante su intervención, Hindou sostuvo que urge garantizar el acceso de las Mujeres Indígenas a la tierra: “Tenemos que darles las herramientas para que puedan hacer un mapeo del territorio y fortalecer sus derechos sobre la propiedad de la tierra. Dar acceso a las tierras y territorios es brindar seguridad alimentaria a la comunidad entera”.
La lideresa quechua —y presidenta de FIMI— Tarcila Rivera Zea explicó que el financiamiento debe llegar a las organizaciones de base y hacer incidencia con los gobiernos locales y regionales para alcanzar la aplicación de la RG39, y lograr su aplicación a nivel mundial. “Nuestra ruta como Mujeres Indígenas es aprender sobre instrumentos internacionales, articularnos y fortalecer nuestras organizaciones locales”, insistió la lideresa.
A su vez, Abigail Erikson —Directora del Fondo Fiduciario de la ONU— explicó que desde su establecimiento en 1996, el Fondo Fiduciario de la ONU para Eliminar la Violencia contra la Mujer ha apoyado 670 iniciativas en 140 países y territorios del mundo por un valor total de 225 millones de dólares. Erikson aseguró: “en el Fondo Fiduciario estamos profundamente comprometidas a aprender de las organizaciones de base para poner fin a la violencia contra las Niñas y Mujeres Indígenas”. La funcionaria explicó que, desde 2022, el número de organizaciones locales que recibieron apoyo del Fondo ascendió a 30. “Sabemos que no es suficiente, pero estamos haciendo un enorme esfuerzo por sumar a más beneficiarias de las organizaciones de base”, agregó.
Lourdes Inga —Directora Ejecutiva de International Funders for Indigenous Peoples (IFIP)— destacó que la implementación de la Recomendación General 39 de la CEDAW, que protege los derechos individuales y colectivos de las Niñas y Mujeres Indígenas, es una oportunidad poderosa para aumentar el apoyo filantrópico a organizaciones o colectivos de base. “Debemos aumentar el acceso a fondos flexibles a largo plazo para estabilizar, apoyar y reforzar su trabajo organizativo”, señaló.

Al mismo tiempo, Joanna Kazana —Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en Trinidad y Tobago— reconoció que las Mujeres Indígenas tienen una voz fuerte y mucho que decir. “Es esencial que las mujeres formen parte del proceso de toma de decisiones. Hemos propuesto un nuevo enfoque para otorgar los financiamientos, para que estos se centren en la resiliencia y la inclusión de los Pueblos Originarios contra los procesos extractivistas, por ejemplo, y hemos identificado que las Mujeres Indígenas son agentes de cambio, porque ellas saben lo que necesitan sus comunidades”, puntualizó.
Por su parte, Cynthia Brizuel —Especialista en Inclusión y Educación en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef)— explicó que Unicef otorga prioridad para trabajar con niños y personas indígenas con alguna discapacidad. Sin embargo, acotó, “estamos intentando involucrar también a las Mujeres Indígenas, porque son ellas quienes conocen las necesidades de sus hijos. Y para involucrarlas, estamos trabajando en erradicar las brechas del lenguaje para que las mujeres y los maestros, que también son líderes en las comunidades, establezcan relaciones de confianza con los niños que se traduzcan en mejores condiciones de salud y educación para todas y todos”.

Finalmente, Florence Varghese —Directora de Proyectos de la Organización para el Desarrollo Comunitario India— manifestó que en India las Mujeres Indígenas se enfrentan a una sociedad patriarcal basada en el sistema de casta, que empuja a las mujeres al nivel más bajo de la sociedad. “Por lo tanto, la independencia económica es esencial para liberarse de las violencias que experimentan”, afirmó. “Hemos identificado a 250 supervivientes de violencia doméstica, en 44 pueblos costeros”, agregó la funcionaria, “les brindamos apoyo legal, educación, y las acompañamos para que desarrollen proyectos productivos que las ayuden a lograr su estabilidad financiera”.
A través de este evento y diversas intervenciones en la CSW68, las Mujeres Indígenas recomendamos que los mecanismos y políticas de financiamiento internacional sean inclusivos, culturalmente sensibles y diseñados con un profundo conocimiento de las culturas, prácticas y necesidades indígenas.
Además, hacemos un llamado a la inclusión sustantiva de las Mujeres Indígenas en los procesos de toma de decisiones en todos los niveles, incluidos los gobiernos autónomos nacionales, locales e indígenas, particularmente en asuntos relacionados con la tierra, el medio ambiente, el territorio y la administración de justicia.

Exigimos que los recursos financieros se asignen de manera equitativa, con un enfoque específico en apoyar iniciativas lideradas por y para las Mujeres Indígenas. Alentamos el establecimiento de mecanismos de financiación que sean accesibles, transparentes y que respondan a las necesidades de las Mujeres Indígenas.
Por ultimo, y no menos importante instamos al Fondo Fiduciario de ONU Mujeres sobre la Violencia contra las Mujeres a que asigne un porcentaje significativo de sus fondos directamente a las organizaciones de Mujeres Indígenas. Esta medida promoverá la inclusión y reconocerá los desafíos y soluciones únicos que las Mujeres Indígenas aportan.

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