9 agosto

Día mundial. Pueblos Indígenas del mundo.
Día 7 de agosto: a las 12 Wiphala en el Ayto de Langreo.

Día 7 de agosto a las 13: Homenaje a la araucaria de la JGPA, Oviedo
Día 9 de agosto: Danzas por los Pueblos Indígenas. Paseo Begoña Xixón. A las 7
Los pueblos originarios del mundo, y nosotras, tenemos celebración el 9 de agosto.
Representan el 6,2% de la población mundial, unos 500 millones de personas, y preservan el 20% de la masa terrestre mundial, que contiene el 80% de la biodiversidad mundial. Sin embargo, representan el 15 por ciento de las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables.
Acumulan una gran riqueza y diversidad: más de 5 000 pueblos distintos en 91 países.
Ningún futuro sería sostenible si dejáramos atrás a comunidades enteras y sus conocimientos.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007) reafirma con firmeza la importancia de los pueblos indígenas como actores relevantes para la humanidad y destaca su contribución a la diversidad cultural, al desarrollo sostenible y a la protección del medio ambiente, considerándolos parte esencial del patrimonio común .

Honramos la soberanía, la riqueza y la belleza de los Pueblos Indígenas, sus lenguas y formas de vida.
Los pueblos Indígenas, su sabiduría colectiva, sus sistemas de conocimiento, ofrecen soluciones a los mayores desafíos actuales, como el cambio climático, el ecocidio y la pérdida de biodiversidad.
Sin embargo demasiados mandatarios mundiales, desde Trump a De la Espriella, no solamente desconocen los Derechos de los pueblos indígenas, sino que tratan y amenazan con desbaratar los avances conseguidos en ese reconocimiento de Derechos, para poner en grave peligro a las comunidades.
https://www.un.org/es/observances/indigenous-day
Si tomamos referencia en la Cumbre de los Pueblos, en Belém do Pará, en noviembre pasado, allí decían sus propuestas.
-Afrontar las falsas soluciones de mercado. El aire, los bosques, el agua, la tierra, los minerales y las fuentes de energía no pueden seguir siendo propiedad privada ni ser apropiados, porque son bienes comunes del pueblo.
-Exigimos la participación y el liderazgo de los pueblos indígenas en la construcción de soluciones climáticas, reconociendo sus conocimientos ancestrales. La multidiversidad de culturas y cosmovisiones encierra una sabiduría y un conocimiento ancestrales que los Estados deberían reconocer como referentes para la búsqueda de soluciones a las múltiples crisis que aquejan a la humanidad y a la naturaleza.

-Exigimos la delimitación y protección de las tierras y territorios indígenas, así como los de otros pueblos y comunidades locales, ya que son quienes garantizan la conservación del bosque. Exigimos al gobierno la deforestación cero, el fin de los incendios provocados y políticas estatales para la restauración ecológica y la recuperación de las zonas degradadas afectadas por la crisis climática.

-Exigimos la implementación de una reforma agraria popular y la promoción de la agroecología para garantizar la soberanía alimentaria y combatir la concentración de la tierra. La gente produce alimentos saludables para erradicar el hambre en el
mundo, basándose en la cooperación y el acceso a Técnicas y tecnologías de control populares. Este es un ejemplo de una solución real para combatir la crisis climática.

-Exigimos la lucha contra el racismo ambiental y la construcción de ciudades justas y periferias dinámicas mediante la implementación de políticas y soluciones ambientales. Los programas de vivienda, saneamiento, acceso y uso del agua, tratamiento de residuos sólidos, reforestación y regularización de tierras deben integrarse con la naturaleza.
-Reivindicamos la inversión en políticas de transporte público, colectivo y de calidad, con gratuidad. Estas son alternativas reales para abordar la crisis climática en territorios periféricos de todo el mundo, que deben implementarse con la financiación adecuada para la adaptación al cambio climático.

-Abogamos por la consulta directa, la participación ciudadana y la gestión popular de las políticas climáticas en las ciudades, para hacer frente a las corporaciones inmobiliarias que han impulsado la mercantilización de la vida urbana. La ciudad en transición climática y energética debe ser una ciudad sin segregación que abrace la diversidad. Finalmente, debemos condicionar la financiación climática a protocolos que garanticen la seguridad habitacional y, en última instancia, una compensación justa para las personas y las comunidades, con acceso a tierras y viviendas garantizadas, tanto en zonas rurales como urbanas.
-Exigimos el fin de las guerras y la desmilitarización. Todos los recursos financieros destinados a las guerras y a la industria armamentística deben redirigirse a la transformación del mundo. El gasto militar debe dirigirse a la reparación y recuperación de las regiones afectadas por desastres climáticos. Deben adoptarse todas las medidas necesarias para detener y presionar a Israel, exigiéndole que rinda cuentas por el genocidio cometido contra el pueblo palestino.

-Exigimos una reparación íntegra y justa por las pérdidas y los daños infligidos a los pueblos por proyectos de inversión destructivos, represas, minería, extracción de combustibles fósiles y desastres climáticos. Exigimos también que los responsables de los crímenes económicos y socioambientales que afectan a millones de comunidades y familias en todo el mundo sean procesados y castigados.
-El trabajo que implica reproducir la vida debe hacerse visible, valorado, comprendido por lo que es –trabajo– y compartido dentro de la sociedad en su conjunto y con el Estado.
-Estos aspectos son esenciales para la continuidad de la vida humana y no humana en el planeta. Esto también garantiza la autonomía de las mujeres, quienes, si bien no pueden ser consideradas individualmente responsables del cuidado, deben tener en cuenta sus contribuciones: nuestro trabajo sostiene la economía.
Queremos un mundo con justicia feminista, autonomía y participación para las mujeres.
-Exigimos una transición justa, soberana y popular que garantice los derechos de todos los trabajadores, así como el derecho a condiciones de trabajo dignas, la libertad sindical, la negociación colectiva y la protección social. Consideramos la energía un bien común y abogamos por la superación de la pobreza y la dependencia energética. Ni el modelo energético ni la transición en sí pueden vulnerar la soberanía de ningún país del mundo.

-Exigimos el fin de la explotación de combustibles fósiles y pedimos a los gobiernos que desarrollen mecanismos para asegurar la no proliferación de combustibles fósiles, con miras a una transición energética justa, popular e inclusiva con soberanía, protección y reparación para los territorios.
Particularmente en la Amazonía y otras regiones sensibles que son esenciales para la vida en el planeta.
-Luchamos por la financiación pública y la tributación de las corporaciones y las personas más ricas. Los costos de la degradación ambiental y las pérdidas impuestas a la población deben ser asumidos por los sectores que más se benefician de este modelo.
Esto incluye fondos financieros, bancos y corporaciones de la agroindustria, empresas relacionadas con el agua, acuicultura y pesca industrial, energía y minería. Estos actores también deben asumir los costos de las inversiones necesarias para una transición justa centrada en las necesidades de la población.

-Exigimos que la financiación climática internacional no se canalice a través de instituciones que profundizan la desigualdad entre el Norte y el Sur, como el FMI y el Banco Mundial. Debe estructurarse de manera justa, transparente y democrática. No son los pueblos y países del Sur Global quienes deben seguir pagando deudas a las potencias dominantes. Son estos países y sus corporaciones quienes deben empezar a saldar la deuda socioambiental acumulada durante siglos.
-Prácticas imperialistas, colonialistas y racistas, a través de la apropiación de bienes comunes y la violencia impuesta a millones de personas que fueron asesinadas y esclavizadas.
–Denunciamos la continua criminalización de los movimientos, la persecución, el asesinato y la desaparición de nuestros líderes que luchan en defensa de sus territorios, así como de los presos políticos y los presos palestinos que luchan por la liberación nacional. Exigimos la ampliación de la protección de las personas defensoras de los derechos humanos y del medio ambiente en el marco de la agenda climática mundial, conforme al Acuerdo de Escazú y demás normativa regional.
Cuando una persona defensora protege el territorio y la naturaleza, protege no solo a un individuo, sino a todo un pueblo y beneficia a toda la comunidad internacional.

-Exigimos el fortalecimiento de los instrumentos internacionales que defienden los derechos de los pueblos, sus derechos consuetudinarios y la integridad de los ecosistemas. Necesitamos un instrumento internacional jurídicamente vinculante
sobre derechos humanos y empresas transnacionales, basado en la realidad concreta de las luchas de las comunidades afectadas por violaciones, que exija derechos para los pueblos y normas para las empresas.
-Reafirmamos, además, que la Declaración sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (DNUDPI) debe ser uno de los pilares de la gobernanza climática. La plena aplicación de los derechos campesinos permite que las personas regresen a sus territorios, contribuyendo directamente a su seguridad alimentaria, la conservación de los suelos y la mitigación del cambio climático.

-Finalmente, creemos que es hora de unir nuestras fuerzas y hacer frente al enemigo común.
–Si la organización es fuerte, la lucha es fuerte. Por ello, nuestra principal tarea política es la organización de los pueblos de todos los países y continentes. Arraigaremos nuestro internacionalismo en cada territorio y convertiremos cada territorio en un bastión de la lucha internacional.
Es hora de avanzar de forma más organizada, independiente y unificada, para aumentar nuestra conciencia, fuerza y capacidad de lucha. Este es el camino para resistir y vencer.
¡Pueblos del mundo, uníos!


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