corazón de internacionalismo

El cuerpo de Ernesto Che Guevara fue baleado, hace 59 años, por un suboficial boliviano, en cumplimiento de órdenes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de EE. UU.; después de ser herido en combate y apresado en la Quebrada del Yuro, tras agotar todos sus proyectiles.
El hombre que se desempeñó como médico, político, guerrillero, escritor y periodista fue capturado herido. Luego, lo trasladaron a La Higuera, una pequeña localidad de la provincia de Vallegrande, perteneciente al departamento de Santa Cruz. El asesinato ocurrió el 9 de octubre de 1967, cuando el rosarino tenía 39 años: el sargento Mario Terán fue el encargado de fusilarlo.

(En octubre de 2007 circuló la noticia de que este militar padecía de cataratas y fue curado por una misión médica cubana, gratis, en la llamada operación milagro).
«Dado que el Che se había convertido en un símbolo para los jóvenes de todo el mundo, los militares bolivianos, aconsejados por la CIA, quisieron destruir el mito revolucionario, asesinándole para después exponer su cadáver, fotografiarse con él y enterrarlo en secreto.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerio, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos
Che Comandante,
amigo.
Se salvó, sin embargo, su Diario de campaña, publicado en 1967.

Tras perseverar en su búsqueda en 1997 los restos del Che Guevara fueron localizados, exhumados y trasladados a Cuba, donde fueron enterrados con todos los honores.»
Carta de Julio Cortázar (a los 20 días de la muerte del Ché)
A Adelaida y Roberto Fernández Retamar. París, 29 de octubre de 1967
Roberto, Adelaida, mis muy queridos:
Anoche volví a París desde Argel. Sólo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones.
Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases.

Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible.
El Che ha muerto y a mí no me queda más que el silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié ese texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como si uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tú sabrás lo que siento.
Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me avergüenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él.
Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

CHE
Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca
Pero no importaba. Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.
No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.
Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,
Julio.

Juan Domingo Perón:
“Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto “Che” Guevara.”
“Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir.”

«Soldadito Boliviano»
I Soldadito de Bolivia,
soldadito boliviano,
armado vas con tu rifle,
que es un rifle americano,
soldadito de Bolivia,
que es un rifle americano..

II Te lo dio el señor Barrientos,
soldadito boliviano,
regalo de mister Johnson,
para matar a tu hermano,
para matar a tu hermano,
soldadito de Bolivia,
para matar a tu hermano.
.
III ¿No sabes quién es el muerto,
soldadito boliviano?
El muerto es el Che Guevarra,
y era argentino y cubano,
soldadito de Bolivia,
y era argentino y cubano.
.
IV El fue tu mejor amigo,
soldadito boliviano,
el fue tu amigo de a pobre
del Oriente al altiplano,
del Oriente al altiplano,
soldadito de Bolivia,
del Oriente al altiplano.
.

V Está mi guitarra entera,
soldadito boliviano,
de luto, pero no llora,
aunque llorar es humano,
aunque llorar es humano,
soldadito de Bolivia,
aunque llorar es humano.
.
VI No llora porque la hora,
soldadito boliviano,
no es de lagrima y pañuelo,
sino de machete en mano,
sino de machete en mano,
soldadito de Bolivia,
sino de machete en mano.
.
VII Con el cobre que te paga,
soldadito boliviano,
que te vendes, que te compra,
es lo que piensa el tirano,
es lo que piensa el tirano,
soldadito de Bolivia,
es lo que piensa el tirano.
.
VIII Despierta, que ya es de día,
soldadito boliviano,
está en pie ya todo mundo,
porque el sol salió temprano,
porque el sol salió temprano,
soldadito de Bolivia,
porque el sol salió temprano.
.

IX Coge el camino derecho,
soldadito boliviano;
no es siempre camino fácil,
no es fácil siempre ni llano,
no es fácil siempre ni llano,
soldadito de Bolivia,
no es fácil siempre ni llano.
.
X Pero aprenderás seguro,
soldadito boliviano,
que a un hermano no se mata,
que no se mata a un hermano,
que no se mata a un hermano,
soldadito de Bolivia,
que no se mata a un hermano.

ALEIDA GUEVARA tenía solo 7 años cuando murió su padre. Era apenas una niña cuando escuchó de su madre aquellas letras en las que el Che se despedía de sus hijos con un triste “si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre ustedes”, y aunque son muy pocos los recuerdos que guarda en su memoria, los escritos, las historias ajenas y los relatos de su madre, la han ayudado a reconstruir al Ernesto Che Guevara padre, al hombre capaz de combinar en su justa dimensión la ternura familiar con sus responsabilidades como revolucionario.
“Papi demostró que era un hombre con una gran capacidad para amar, y que a pesar de la distancia y el tiempo, logró que nosotros lo quisiéramos y lo amaramos”
“Es una imagen que ha quedado en mi memoria y para mí es de las cosas más tiernas. Esta mi papá vestido de militar, y yo estoy mirándolo como de un perfil. Mi madre está de espaldas a mi papá y en su hombro está la cabecita de mi hermano más pequeño, Ernesto, que apenas tiene un mes de nacido. Él, con una mano grande, está tocando la cabecita del niño, pero lo hace de una manera muy especial… hay mucha ternura en esa escena. Yo tenía apenas cuatro años y medio, y recuerdo perfectamente lo que estoy diciendo. Mi papá quizás se estaba despidiendo, no lo sé, muchos años después yo supe que esos fueron los últimos momentos que estuvo con nosotros. Pueden haber sido muchas cosas, pero lo que sí es cierto es que muchos años después yo mantengo muy fresca esa imagen, y es la última que me queda de ellos dos juntos”.
“Recuerdo una tarde en el malecón, papi iba a manejando el carro, con mami, Camilo y yo, y de pronto paró el auto. No recuerdo si íbamos al malecón en especial o si íbamos por la zona, lo que si sé es que paramos. Él nos bajó a Camilo y a mí, nos encaramamos encima del muro del malecón, y habló con nosotros. Algo nos explicó, no recuerdo con exactitud, pero sé que fue el primer momento en que yo recuerdo haber tirado una flor al mar a Camilo (Cienfuegos)».

“Trump, como la mayoría de los estadounidenses, no tienen idea de quiénes somos. Para ellos, América Latina siempre ha sido su patrio trasero y han hecho lo que han querido. Cuando triunfó la Revolución cubana, por primera vez, se frenó eso. Desde entonces, han tratado de asfixiarla con el bloqueo económico. Así que esto viene caminando desde hace años y el pueblo ha aprendido a resistir y a buscar alternativas, que para mí es lo más importante.
Cuba ha sembrado solidaridad durante todos los años de Revolución. En 1963 teníamos muy pocos médicos porque la mayoría había migrado a Estados Unidos y a pesar de eso, enviamos una brigada médica para Argel porque los necesitaban. Es decir, lo poco que hemos tenido lo hemos compartido, y eso ha sembrado un sentido solidario de devolver algo de lo recibido.”
¿Cree que Trump podría decidir invadir Cuba?
Es imposible predecir lo que puede hacer un enfermo mental. Pero ellos saben lo que es un pueblo decidido a luchar porque tuvieron que retirarse de Vietnam.
¿Qué cree que pensaría su padre sobre lo que está ocurriendo si estuviera vivo?
No puedo poner palabras que no dijo en boca de mi papá. Pero teniendo en cuenta cómo vivió, el Che estaría preparando le resistencia y nosotros con él.
¿Cuál es su análisis sobre el momento que está viviendo el mundo?
Hay un economista estadounidense, no me preguntes el nombre porque siempre los olvido, que decía que “si la humanidad pierde la ética para vivir, pierde el derecho a existir”. Pues nosotros estamos perdiendo el derecho a existir porque estamos perdiendo la ética. Cuando permites lo que está pasando en Gaza, en Irán, en Líbano, cuando no eres capaz de frenar a tus gobiernos para que rompan relaciones con Israel, para que no vendan armas a su gobierno, desgraciadamente te conviertes en cómplice. Y esa es una de las cosas más duras que nos ha tocado vivir. Esta impotencia tan grande de no poder frenar al enemigo hace que cueste seguir viviendo.

A Cuba le dio la gloria
De la nación liberada
Bolivia también le llora
Su vida sacrificada
San Ernesto de La Higuera
Le llaman los campesinos
Selvas, pampas y montañas
Patria o muerte su destino.

José Saramago:
Che Guevara, si tal se puede decir, ya existía antes de haber nacido, Che Guevara, si tal se puede afirmar, continuó existiendo después de haber muerto. Porque Che Guevara es sólo el otro nombre de lo que hay de más justo y digno en el espíritu humano. Lo que tantas veces vive adormecido dentro de nosotros. Lo que debemos despertar para conocer y conocernos, para agregar el paso humilde de cada uno al camino de todos.
Elena Poniatowska: Ernesto Che Guevara como símbolo universal de rebeldía, representa la fuerza y la energía renovadora de la juventud, así como un hombre que siempre luchó por sus ideales: justicia para todos e igualdad social. Esas demandas, a 56 años de su muerte, siguen vigentes, porque las condiciones cambiaron muy poco, e incluso han empeorado.
Araceli Ruiz: «El Che Guevara me ayudó a reunirme con mis padres siendo refugiada»
Araceli compartió confidencias con el Che Guevara durante su estancia en Cuba, en la segunda mitad del siglo pasado. «Era majísimo y guapo y gracias a él pude reunirme con mis padres 30 años después. Yo no podía entrar en España y ellos no podían salir, pero él posibilitó el encuentro en La Habana».

La mística revolucionaria. El Che siempre sostuvo que una sociedad justa era imposible sin una transformación moral interna de cada persona, por tanto, en su ideal cada una debía despojarse del egoísmo, del individualismo y del afán de riqueza material, sustituyéndolos por el trabajo, la solidaridad y el deber social, y eso no era solamente para el ciudadano común, sino también, sobre todo, para sus dirigentes.

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