LIBERTAD a los prisioneros políticos saharauis.

Hoy sábado 24, mientras la luna llena se asomaba a los cielos de Xixón, la luna y la estrella de la banderona saharaui acompañaban la actividad poético-musical-política de la plaza del Humedal.
Con danza, con poemas, con canciones, y con las variadas intervenciones rechazando la represión del régimen marroquí sobre el Sahara y su Pueblo.

El delegado del Polisario, el poeta Bachir, las representantes del COSARA por Oviedo, por Xixón, por Langreo, la Asociación de Mujeres, el presidente y cantante Emberek, y varios colectivos solidarios, tomaron la palabra.
En una de ellas, se exigía, sí, la libertad de los prisioneros, pero también se agradecía al Pueblo Saharaui que nos recordaran en plaza pública la importancia de la Unidad (que se celebra el 12 de octubre), en un lugar como el nuestro donde tanta falta hace la Unidad para confrontar la brutalidad del fascismo que asoma sus fauces.

Y se convocaba a la Mani del 14-N para rechazar también en el 51 aniversario, la traición franquista del Acuerdo tripartito, pero se proponía que, en tiempos preelectorales, se exigiera a todos los partidos y candidaturas que recogieran en su programa la autodeterminación, la independencia del Sahara, a la luz de la descolonización pendiente.

Que ni se podía poner en cuestión el término ”pueblo saharaui” como se ha pretendido en la discusión en Congreso y Senado de la ley de nacionalidad saharaui, ni se podía permitir quitar la R de la Minurso, que supondría eliminar el acuerdo y derecho al Referéndum pactado e incumplido para la autodeterminación del Sahara.
Sáhara Occidental. 16 años de silencio, torturas y hostigamiento de Marruecos a los presos saharauis de Gdeim Izik
El Grupo Gdeim Izik, de prisioneros políticos, exige la liberación inmediata e incondicional de todos los miembros del Grupo «12 de octubre» y de todos los presos civiles saharauis, así como el levantamiento de los procesos judiciales contra los estudiantes saharauis implicados en estos casos.
“El Grupo 12 de octubre” se denomina a los nuevos presos, detenidos el 12 de octubre por exigir la liberación de los de Gdeim-Izik, que en ese momento estaban en huelga de hambre, y que ayer viernes volvieron a la huelga de hambre por 24 horas de advertencia en solidaridad con los otros prisioneros. También se hace un llamamiento para que se permita a los organismos internacionales de derechos humanos visitar a los reclusos y constatar su estado de salud, responsabilizando a las autoridades de ocupación marroquíes de cualquier deterioro que pueda producirse en su estado de salud.

Resumen Latinoamericano.
– Tras el desalojo de la acampada en Gdeim Izik, en los territorios saharauis ocupados, 19 personas fueron condenadas a penas que llegan hasta la cadena perpetua.
– La ONU ha dado credibilidad a las denuncias de torturas físicas y psicológicas que tanto los presos como sus familiares aseguran que están sufriendo.
– Las familias piden romper el muro de silencio que Rabat ha impuesto y solicitan al embajador español en Marruecos que se reúna con ellos.
Fatma Zaoui desconoce si su padre está vivo o muerto. «Llevamos 14 días sin saber nada de él», explica durante una rueda de prensa a medios de todo el mundo. La última vez que lo vio en libertad fue cuando tenía ella tenía cuatro años. De eso hace ya 16. Su padre, Hussein Zaoui, es uno de los 19 condenados tras el desalojo de la acampada de Gdeim Izik, en los territorios ocupados saharauis, que tuvo lugar en noviembre de 2010.

Un mes antes, cientos de saharauis habían levantado dicho asentamiento en protesta por la falta de oportunidades bajo un régimen que los hostiga por su condición étnica y por sus aspiraciones de independencia. En vez de conquistas sociales, los acampados recibieron brutalidad militar y policial y detenciones arbitrarias. Actualmente, Rabat sigue ejerciendo violencia física y psicológica contra los 19 que finalmente fueron condenados en el marco de las protestas, conocidos como el grupo de Gdeim Izik.
En protesta por los malos tratos constantes que sufren, nueve de los condenados se declararon en huelga de hambre el pasado 23 de septiembre. Según las informaciones que pudieron recopilar sus familiares a fecha del 14 de octubre, solo cinco continuaban sin alimentarse. Son Hassan Dah, Sidi Abdallah Abbahah, Mohamed Bachir Boutenguiza, Ahmed Sbaai y Hussein Zaoui.La hija de este último preso, Fatma Zaoui, aclara a los medios que «la suspensión de la huelga no significa que hayan desaparecido las causas que la motivaron» porque nuestros familiares «siguen encarcelados y sus reivindicaciones fundamentales continúan pendientes». Por el contrario, los cuatro presos que han suspendido sus huelgas lo han hecho «debido a las comunicaciones falsas» que se han emitido desde «las cárceles en las que se encontraban», «por motivos de salud» o por el empeoramiento de «las medidas» que las autoridades penitenciarias han tomado contra ellos.

La huelga de hambre es el último instrumento de presión del que disponen los presos saharauis en Marruecos ante el desdén de Rabat a las peticiones de libertad que la ONU, Amnistía Internacional o Human Right Watch, entre otras organizaciones, piden desde hace casi dos décadas. Zaoui se pregunta entonces «¿de qué sirve que la ONU exhiba constantemente estas violaciones de derechos fundamentales y reclame medidas concretas si nuestros familiares continúan en estas condiciones?».

Rabat, sordo ante la ONU
Ya desde el inicio del proceso judicial, Amnistía Internacional y Human Rights Watch advirtieron de que las confesiones que dieron pie a la sentencia del tribunal militar en 2013 habían sido obtenidas bajo torturas. Por su parte, el Comité contra la Tortura de la ONU criticó fuera el estamento castrense el que juzgara al grupo de Gdeim Izik.
En 2014, varios expertos del Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias visitaron a 22 de los condenados en el primer juicio. En el documento que elaboraron posteriormente, incidieron en la crítica que el Comité de Tortura había hecho un par de años antes, documentó el deterioro de la salud de los presos y la desatención de las autoridades penitenciarias a las denuncias de torturas y violaciones realizadas por varios de los condenados.
Pese a que el juicio se repitió en instancias civiles en 2017, los resultados fueron similares. Los de Gdeim Izik fueron condenados por su presunta participación o complicidad en los enfrentamientos violentos con los agentes marroquíes que acabaron, de forma intencionada y no intencionada, con la vida de 11 de ellos. Las penas iban desde los 15 años hasta la cadena perpetua en el caso de ocho de los detenidos.

Ningún impacto tuvo que, en 2023, el Grupo de Trabajo de la ONU de Detenciones Arbitrarias aprobara una opinión —23/2023— en la que confirmaba que la detención de los 19 condenados había sido arbitraria debido, entre otras cuestiones, a que no se les dio acceso a un abogado ni tuvieron un juicio justo. Por todo ello, el organismo de la ONU pidió la liberación inmediata de todos ellos.
Pese a que Rabat se comprometió en 2022 a cooperar voluntariamente con los procedimientos especiales de la entidad multilateral, ha hecho caso omiso a esta solicitud. No sólo eso. La monarquía alauita no ha vuelto a permitir que el Comité de la ONU contra la Tortura visite sus prisiones, pese a las numerosas peticiones llevadas a cabo por sus expertos y familiares de los saharauis encarcelados. Tampoco ha permitido que la Cruz Roja Internacional visite estos lugares.
A merced de la ceguera internacional y ante el bloqueo de la intervención de los organismos humanitarios, la situación de los presos políticos saharauis en las cárceles marroquíes no hace más que deteriorarse, denuncian sus familiares.

En este contexto, la huelga de hambre iniciada por los condenados resulta más peligrosa. Uno de ellos, Hassan Dah, tuvo que abandonar la huelga debido al grave empeoramiento de su estado de salud. Después de dos días sin saber su paradero, cuando sus familiares pudieron visitarlo «lo encontraron en un estado de salud extremadamente delicado», reza un comunicado emitido por las familias de los presos. Según les trasmitió el propio Dah, «fue trasladado desnudo y sometido a torturas y malos tratos durante su desplazamiento a la nueva cárcel». Sus familiares exigen «una investigación inmediata e independiente sobre estas denuncias y garantías efectivas para proteger su vida e integridad física».
Este caso rima con el de Naama Asfari, el conocido activista saharaui, también miembro del grupo de Gdeim Izik, a quién la justicia marroquí condenó a 30 años de prisión por crímenes que él asegura no haber cometido. Asfari es uno de los tres presos sobre los que el Comité contra la Tortura de la ONU emitió dictámenes específicos sobre la vulneración de sus derechos fundamentales. El pasado mes de julio, el preso dejó de comer para denunciar las torturas sistemáticas que sufren él y sus compañeros. Pasados los cuarenta días en huelga de hambre, la comunicación entre la familia del preso y el centro penitenciario en el que se encontraba Asfari se cortó de forma «abrupta e injustificada».
Durante las casi dos semanas que transcurrieron hasta que volvieron a conocer su paradero fueron un suplicio para la familia, que denunció la desaparición forzada del preso y logró recaudar el apoyo de las fuerzas políticas a la izquierda del PSOE, así como del tejido asociativo saharaui en España. Actualmente, Asfari continúa cumpliendo condena en la prisión de Kenitra, al norte de Rabat.

Como demuestra el caso de Naama Asfari, la falta de información sobre los presos políticos palestinos, así como los largos silencios a los que son sometidos sus allegados no son algo puntual, sino parte del modus operandi que aplican las autoridades marroquíes en su interlocución con los familiares de los presos saharauis.
Un castigo colectivo
Los familiares de los presos son víctimas directas de las condenas de sus allegados. Zaoui denuncia que los parientes que viven en los territorios ocupados saharauis se encuentran bajo la vigilancia constante de las fuerzas de seguridad de Marruecos. El estigma de la prisión marca a todo el linaje familiar, dificultando a los adultos el acceso al empleo y, a los menores, a una educación digna. Fatma Zaoui recuerda el caso de la hija menor de otro preso del grupo de Gdeim Izik, que tuvo que dejar la escuela por el bullying que recibía de sus compañeros en relación a la detención de su padre.

A todo esto se suman las detenciones que sufren los parientes que protestan por las condiciones en las que viven quienes cumplen condena en prisiones marroquíes. Durante su intervención en la rueda de prensa de este 15 de octubre, Fatma Zaoui, denunció «la represión sufrida durante la manifestación organizada el 12 de octubre [en Rabat] por los familiares de los presos políticos saharauis, que reclamábamos información sobre nuestros seres queridos». La intervención se saldó con cargas y «con la detención de varios participantes en la movilización», según las informaciones con las que cuenta Zaoui.
Los parientes del grupo de Gdeim Izik también denuncian la política de dispersión que el régimen alauita aplica con los presos políticos saharauis, que son internados en penales lejanos de sus lugares de origen donde, por lo general, residen también sus familiares. Para verlos, deben recorrer cientos de kilómetros, si bien salvar esta distancia física no les asegura que puedan hacerlo.

Una de las últimas barreras que los separan de sus parientes es el silencio administrativo de las autoridades penitenciarias marroquíes. Fatma Zaoui asegura que tanto ella, como las hermanas, esposas, hijas y madres de los detenidos que la acompañan en la rueda de prensa de este jueves, han pasado días esperando haciendo guardia a las puertas de las prisiones en las que cumplen condenas sus parientes, con la esperanza de poder visitarlos. «A veces estamos tres o cuatro horas» afirma la hija del activista, «otras no nos dejan verlos».

Las familias denuncian «el silencio» al que son desterradas, que es informativo y mediático. Quieren «que el mundo hable sobre la situación de los presos políticos». Por ello, «hacen un llamamiento para que los abogados, los observadores internacionales y también la prensa internacional, que acuda a visitar a estos presos».
Impiden al periodista y preso político saharaui Jatri Faraji Dada presentar una denuncia, y le someten a insultos y ofensas en la prisión de Safi
Equipe Media – Consejo de Redacción
23 de octubre de 2026
Continúan los sufrimientos del periodista y preso político saharaui Jatri Faraji Dada en el interior de la prisión local de Safi, donde la administración penitenciaria le prohíbe desde hace días abandonar su habitación para presentar una denuncia sobre el trato al que está siendo sometido, mientras su familia ha informado de que ha sido objeto de insultos y ofensas por parte del jefe de pabellón de la prisión.

En una llamada telefónica con su familia, esta confirmó a Equipe Media que Jatri Dada sigue teniendo prohibido salir de su habitación para presentar una denuncia, lo que le impide ejercer el derecho de recurso frente a lo que padece. Asimismo, añadió que Jatri ha advertido de que iniciará una huelga de hambre si continúa la prohibición de presentar su denuncia, como protesta contra estas prácticas.
Cabe recordar que el periodista y preso político saharaui Jatri Dada cumple una condena de 20 años de prisión y exige también su traslado desde la prisión local de Safi a un establecimiento penitenciario más cercano al lugar de residencia de su familia, para permitirle visitarle y hacer un seguimiento de su situación.
La carretera Tiznit-Dajla, un trazado que atraviesa El Aaiún y llega hasta Dajla, dentro del Sáhara Occidental ocupado, ha sido rebautizada como carretera Trump. Un ejemplo más de la alianza de intereses entre Marruecos y EEUU, que destroza las resoluciones de la ONU sobre la descolonización del Sahara.

También los mapas y las competiciones deportivas pueden utilizarse para normalizar la ocupación, de un país como el Sahara, un país dividido por un muro y sembrado de minas, donde las consecuencias de la ocupación forman parte de la vida cotidiana.
Pueblo saharaui, territorio ocupado y descolonización pendiente, son términos que no se pueden disfrazar o eliminar del lenguaje. Ningún homenaje a Trump, ninguna campaña de propaganda y ningún consenso fabricado pueden convertir la ocupación en soberanía ni sustituir la voluntad de quienes tienen derecho a decidir sobre la autodeterminación: el PUEBLO saharaui.

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