Villa del Rosario es un municipio cerca de Cúcuta, de 120mil habitantes, y con mucha historia en los hechos de la Independencia. Allí se dieron cita muchos próceres, allí fue capital de los territorios de Quito, Venezuela, Cundinamarca, es decir la Gran Colombia, en el Congreso Constituyente allí organizado.

Y Juan Frio es un corregimiento de Villa del Rosario.
¿Cómo pudo ser que esta zona estuviera controlada durante 15 años por los grupos paramilitares?

¿Es concebible que con tamaña historia de represión, que incluye los hornos crematorios, cuyos restos visitaba la delegación asturiana, no haya registro sino de 6.400 víctimas, y muy pocas en este espacio que fue de control y exterminio de la extrema derecha en armas aliada con el ejército?
La respuesta está en el terror impuesto. En la huida de muchas familias hacia Venezuela. En la ausencia de cauces para hacer la denuncia explícita, puesto que quienes la podían recibir probablemente eran compinches de los paracos.

Y han tenido que pasar 20 años..para que muchas familias hablen, otras pocas regresen, la organización comunitaria destrozada empiece a reconfigurarse, y los sueños de estas veredas campesinas en tierras muy fértiles, vuelvan a tener espacio.

¿Y el gobierno por dónde anda..? Pues con cierta ausencia “fronteriza” en donde el río Táchira marca línea entre un país y otro (al contrario que en 1821 cuando el rio era del mismo y único pais.
Una especie de “concentración” (de la que todavía no se ven resultados) del Estado se deriva hacia el Catatumbo, y el resto de zonas rurales del Norte Santander padecen desatención.
Es lo que les está ocurriendo a las campesinas, ganaderos, hortelanos de Juan Frio, que con mucha pasión se organizan en la Asociación de Productores Agropecuarios Norte Santander ASPROANORT, ratando de producir “de todo”, cilandro, auyama, cebollas, pastos, caña, junto a animales como conejos, gallinas, cerdos de muchas razas, cabras, gansos, pavos, lombrices, o cuyes.. y estableciendo cooperativismo para dar salida a sus productos.

Producir no es dificil en esta zona fértil, pero sanar las heridas dejadas por la violencia paramilitar precisa de muchos apoyos y alianzas en las que el Estado no puede estar ausente.

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