Sahara.

El Sahara en Xixón. 16 de mayo.
Llegaron con sus melfhas, como representación de la fortaleza, dignidad y el orgullo de la mujer saharaui, llegaron con sus daraas y sus simbologías de identidad, con sus banderas y con su himno nacional a la plaza del Humedal, a convocatoria de COSARA, la comunidad saharaui residente en Asturias.
Se trataba de una actividad relacionada con el cincuenta aniversario de la República Árabe Saharaui Democrática, con los 53 de la creación del Frente Polisario, y con la primera acción de este movimiento de liberación nacional un 20 de mayo de hace 53 años.

Un beso,
solamente un beso,
separa
la boca de África
de los labios de Europa.

Y llegaron con toda la carga de la diáspora, para seguir exigiendo la Justicia universal que se les niega, el quebranto del olvido al que se les quiere condenar.
Se recordó la tradicional solidaridad asturiana, pero a la que hay que convocar como hoy, para expresarla, para no esconderla, para hacerla eficaz y cotidiana.
Y se compartieron palabras de las últimas visitas asturianas, en el aniversario 50 de la RASD, en el FISAHARA, festival internacional de cine.
Y se gritaron consignas y se reivindicó la memoria de las luchas, de los mártires, de los presos cuya liberación se exige.

El Sáhara Occidental fue ocupado por el Estado español durante cerca de cien años (provincia española número 53) hasta mediados de noviembre de 1975, en que se retira del territorio.
Este 50 aniversario es una oportunidad para recordar al gobierno español que tiene la obligación de promover todas las iniciativas políticas que sean necesarias para lograr una solución justa y definitiva, mediante la celebración de un referéndum, conforme a las resoluciones internacionales.

Durante cinco décadas, la RASD ha atravesado guerra abierta, alto el fuego prolongado y reanudación de las hostilidades, además de ciclos diplomáticos orientados a redefinir el marco de solución. Ninguna de esas etapas ha supuesto su desaparición como sujeto político.
Sigue formando parte de la Unión Africana. Mantiene relaciones diplomáticas con diversos Estados. Conserva una estructura institucional operativa en el exilio y ejerce funciones de administración sobre la población refugiada. No controla la mayor parte del territorio que reivindica, pero tampoco ha sido desplazada del sistema institucional internacional.
La ocupación ha modificado el equilibrio de poder sobre el terreno, pero no ha extinguido la entidad proclamada en 1976.
Cincuenta años después de la proclamación, el elemento ausente sigue siendo el mismo: la consulta de autodeterminación prevista en el marco del alto el fuego de 1991.

Vuelve, África,
con tu orgullo,
con tus senos libres,
verdes o secos,
pero vuelve.
Vuelve, África,
con tu soberbia voz
o sin ella,
pero vuelve.
Y reúne
a todos,
a todos tus tambores.

La ONU no ha considerado ni a Marruecos, ni en su momento a Mauritania como potencias administradoras de este territorio que sigue figurando en la lista de la ONU como único territorio español pendiente de descolonización.
España tiene una deuda histórica con el pueblo saharaui, exigimos al gobierno de España que se implique en la plena y definitiva descolonización del Sáhara Occidental en la que se le garantice al pueblo saharaui su derecho a la autodeterminación y a construir su propia Historia.

Este exilio
es una larga estación de adobe.
Se derrama por el camino
y se abrasa.
Se arruga
entre los colmillos
de piedra bajo piedra
sin salida aparente.
El pan que antes se disputaba,
ahora se entrega a las cabras
como húmeda recompensa.
Es difícil que esta calurosa
agua contaminada
alcance toda la hilera
de garrafas y mariposas.
Mañana volverá /
la cisterna,
con su reserva de iras
y antiguo catarro.
Un hombre formalizará
otra concesión
amasada de adobe
en el viejo molino de Rabuni.
Mientras, esperamos
las migajas
de una paz en desuso.

El Intergrupo parlamentario sobre el Sahara, que el año pasado había sesionado en Asturias, este año lo hizo en el parlamento navarro, y aprobaba la “Declaración de Navarra” el 20 de febrero

Dí que no me los has contado:
“¿Existiría la hamada si no nos hubieran
intentado enterrar en ella?
¿Existiría si no nos hubieran dicho que existía?
¿Existiría para otros
antes de sabernos parte de su geografía?
¿Y para los que lo ignoran?
¿Existiría el Sahara sin la envidia
de la memoria del viento,
sin las señales del fuego,
la libertad de los pastos,
la sombra de las acacias?
Sin el muro que separa nuestra carne,
sin los hilos que siembran la muerte,
sangre nuestra, ¿existiríamos?” Limam Boisha.


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