
21ª delegación astur

Magdalena, río de vida y muerte.
La delegación asturiana recibe abundantes testimonios de las comunidades de la región del Magdalena medio, en la Casa de Cultura de Cantagallo, y en la alcaldía de San Pablo.

En este segundo caso la información municipal es taxativa: el control del municipio por los paramilitares del Clan del Golfo-AGC es total.
En el casco urbano del municipio no se ven directamente, pero realizan su labor de extorsión: ni un solo negocio, por pequeño e individual que sea, se queda sin recibir la correspondiente visita para la “vacuna” o extorsión. Y en las zonas rurales sí se muestran con uniforme y sin él, aplicando sus normas obligadas a punta de fusil.

Se sustenta su negocio ilegal en la minería del oro, en el control de sus productos, en la ampliación de las explotaciones contaminantes, en los cultivos de hoja de coca, que están creciendo ante el fracaso, retraso e incumplimiento de los planes y promesas de sustitución. Y en la extensión del cultivo de palma aceitera, en su mayoría en manos de empresas y de extractoras del líquido, y en una minoría en manos de pequeños agricultores, que de igual modo reciben la extorsión de los grupos paramilitares.
¿Qué hacer frente a tal situación? Resulta ser la pregunta más elemental. Las comunidades exigen que se respeten sus derechos, sus tierras, sus propuestas de trabajar por la paz. En la alcaldía interpretan que el gobierno estatal debiera tener menos poesía.. ¿y más guerra?.

Pero esa militarización que se solicita en la desesperación del desamparo, choca con la historia repetida de nuevas violencias, que sin duda se producirán porque nunca ha desaparecido, sino todo lo contrario, la connivencia y alianza entre esos militares que deberían amparar a la población, y los paramilitares que campan a sus anchas en este municipio de San Pablo.
Opinan asimismo desde el equipo municipal que las conversaciones en curso entre el gobierno y los grupos armados ilegales no tiene buen futuro, dado que tales grupos estarían dilantando y entreteniendo avances necesarios hacia la paz, para tener más tiempo para incremtenar su fuerza militar y política y seguir en los negocios redondos de las economías ilegales.

San Pablo es vecino natural de otros municipios como Cantagallo, como Simití, como Santa Rosa.. y entre todos ellos y la cercanía de la Serranía de San Lucas, padecen la presencia y control territorial del citado grupo paramilitar AGC, y de la guerrilla del ELN, y de las disidencias, en una disputa cruel por hacerse con la Serranía, bajo la cual existiría una de las mayores vetas de oro del continente.
Frente al miedo inducido y derivado de tales enfrentamientos, las comunidades que se niegan abandonar sus territorios, exigen garantías para permanecer, con alud, con educación, con vías de tránsito que hasta el momento el gobierno no les ha procurado.
Si hay informe fidedignos de que una guerra total estaría a punto de estallar en la zona, si no se toman medidas, y no precisamente las militaristas, sino las que tengan en cuenta las propuestas y deseos de paz de la población y sus organizaciones comunitarias.
Si zonas que han sido declaradas en protección son entregadas a las multinacionales mientras se persigue a los habitantes nativos, si se siguen priorizando batallones minero energéticos para cuidar a empresas extranjeras, si los grupos paramilitares siguen realizando expulsiones forzadas de las comunidades para favorecer el extractivismo, para facilitar el saqueo y en connivencia con la fuerza pública, ninguna paz sería posible construir.

“Estamos en un sitio maravilloso, y no podemos permitir la fractura familiar, el exilio de nuestra gente: lo que toca es que el gobierno nos apoye, nos cuide, proteja a nuestra gente para no cejar en el empeño de construir la paz en el Magdalena Medio”.

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