17 abril

Lucía por Ingeniería Sin Fronteras, Paco por Ecoloxistes n´Aición, Ánxel, joven cooperante en Colombia, Diana, sobre los avances agrarios en Colombia, José Luís a nombre de la Xuntanza Campesina, Alba sobre el MST, y Non Tamos Toes, pandereteres de El Remediu, que cantaron y pusieron a danzar la Llucha Campesina, completaron la actividad, de la que compartimos algunos textos..
MANIFIESTO 17A XIXÓN
Vivimos en una crisis ecosocial: climática, energética, alimentaria. Estos ejes de la no son eventos aislados; son procesos que se entrelazan entre sí y atraviesan los territorios, la tierra y los pueblos.

El 90% de las emisiones globales provienen de la quema de combustibles fósiles y el 10% restante del uso extractivista del suelo. Estas cifras tienen una genealogía clara: el modelo de desarrollo del Norte Global bajo la lógica capitalista patriarcal.
Sin embargo, los efectos de esta crisis no son neutros, son los cuerpos de las mujeres y las niñas de los Sures quienes más impacto reciben ante esta situación Incendios, sequías, acidificación, aumento del nivel del mar, aumento de la temperatura, el encarecimiento de la vida y el colapso de los ciclos vitales son parte de las consecuencias trágicas que estamos comenzando a vivir.
Bajo el paraguas de la “Seguridad Energética” o la “Descarbonización”, Europa y las potencias del Norte camuflan una realidad puramente extractiva: el peak oil y la situación geopolítica actual
Esta supuesta transición está desatando una recolonización perversa. El «Triángulo del Litio» (Bolivia, Chile, Argentina), la Amazonía, la República Democrática del Congo, Indonesia y zonas de sacrificio en la propia Europa, como Portugal y Extremadura, se ven asediadas por un colonialismo corporativo que extrae riqueza para beneficio ajeno, desplazando y violentando el vivir de los pueblos originarios mediante dinámicas de expulsión fascista.

Para nombrar esta herida, recuperamos el concepto de Terricidio, acuñado por la activista mapuche Moira Millán que hoy nos acompaña aquí con nosotras. No hablamos solo de ecocidio; hablamos del asesinato sistemático de la Tierra y de todas las formas de vida que la habitan. El terricidio es la síntesis violenta de cuatro crímenes: Genocidio, Ecocidio, Epistemicidio y Feminicidio como herramienta de control sobre el binomio cuerpo-territorio.

El sistema agroalimentario actual es una maquinaria obsoleta y violenta. Las políticas neoliberales de Bruselas y de los gobiernos nacionales han hipotecado el campo, favoreciendo a la industria farmacéutica ganadera, a los fondos de inversión y al oligopolio de los fitosanitarios. Este modelo ha vaciado el mundo rural, destruyendo cientos de miles de explotaciones familiares y obligando a las personas productoras a sobrevivir con ingresos irrisorios, mientras los beneficios se quedan en los laboratorios, la gran distribución y la banca.

El acaparamiento de tierras, agua y semillas, junto a los tratados de libre comercio y en general, todo el sistema trata los alimentos como una mercancía y los recursos productivos como un activo financiero generando pobreza, hambre y desigualdades.
Una Respuesta Colectiva y Soberana
Esta realidad requiere de una respuesta desde lo común y lo comunitario: desde los pueblos, las aldeas, los barrios, las ciudades: RECUPERAR LO COMÚN.
Frente a la desposesión, nuestra respuesta es política y afectiva: la esperanza y los cuidados como motor de lucha. Defendemos las soberanías (alimentaria, energética y de los cuerpos) y y defendemos radicalmente nuestros territorios desde una mirada ecofeminista, que ponga la vida en el centro y rompa con la lógica colonial de explotación. Luchemos por un futuro donde la supervivencia no sea un privilegio.
No podemos hablar de soberanía sin nombrar las heridas abiertas que sangran sobre la conciencia de la humanidad. Denunciamos con rabia y dolor el genocidio en Palestina, un proyecto colonial de ocupación y exterminio que utiliza el hambre y la destrucción de la tierra como armas de guerra. Palestina es hoy el espejo de la crueldad máxima del sistema: asesinato de miles de niñas y niños y de todo el pueblo palestino, el despojo violento de sus olivos y su historia.
De igual manera, abrazamos la dignidad y resistencia de Cuba, un pueblo que durante décadas ha sostenido su soberanía frente al bloqueo imperialista que hoy en día llega a sus límites más inhumanos nunca vistos. Desde aquí pedimos el fin del bloqueo a Cuba. Su lucha es nuestra lucha: por el derecho a existir, a cultivar y a habitar la tierra y a construir un futuro deseable para todas.
Desde el río hasta el mar, justicia para todos los pueblos!
¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!
¡Puxa la llucha llabradora!
17 abril: Llucha campesina
Equí entama la danza
de la llucha campesina
si quies saber lo que comes
baxa al mercáu, entaína.
Que p’abril, que pa mayu, que pa setiembre
Que pa la primavera semao lo tienes
Semao lo tienes, semao lo tienes
Que p’abril, que pa mayu, que pa setiembre.
Veceres y productores
xuntámonos pa lluchar
trocamos, aconceyamos

nun va ser too cuchar.
Róbennos soberanía
Véndennos felicidá
esti sistema engaña
con muncha facilidá.
El tomate ye d’agostu
los arbeyos son de mayu
pimientos y berenxenes
nun se comen tol añu.
Cuando ya nun queden güertes
l’agua nun haya quien lo tome
esi dia entenderemos
que del cementu nun se come.
Allá va la dispidida
Nun vos la quisiera echar
Marchen les mios compañeres
Mañana toca plantar.

Compañeras y compañeros: buenas tardes.
Mi nombre es Ánxel García y voy a contaros un ejemplo de organización que lleva luchando por la soberanía alimentaria desde hace más de 50 años.
A veces resulta necesario abandonar nuestra mirada eurocéntrica para fijarnos en proyectos que se están llevando a cabo a miles de km en esos países mal llamados en vías de desarrollo.
A estas alturas, con el actual panorama geopolítico, ya no nos engañan con palabras como desarrollismo, palabras vacías, excusas para imponer su sistema neoliberal en cualquier faceta de nuestra vida, incluido en el campo.
Son muchos aprendizajes que podemos obtener si nos fijamos en otras experiencias de organización agraria como FENSUAGRO en Colombia.
Una organización popularmente conocida por su trayectoria de lucha desde hace más de 50 años.
Continúa defendiendo los derechos del campesinado, dignificando la vida rural y defendiendo una alternativa real al actual modelo del AGRONEGOCIO.
Este modelo fue impuesto por la fuerza desde la también mal llamada revolución verde y que conllevó a la total dependencia del campesinado a las dinámicas del mercado (fertilizantes, transgénicos, combustibles fósiles, intermediarios..)

Organizaciones como Fensuagro pretender devolver al campesino y a la campesina su poder y su autonomía frente al Agronegocio.
¿De qué forma?. Mediante la organización popular y la agroecología.
Mediante un sistema federal Fensuagro está compuesto por más de 90 organizaciones de diferentes departamentos de Colombia.
Organizaciones diferentes, desde sindicatos agrarios hasta asociaciones rurales y juveniles.
Una de sus reivindicaciones es que las voces de las campesinas y de los campesinos sean escuchadas y que tengan capacidad de decisión en las políticas que afectan a su modo de vida. Como la actual REFORMA AGRARIA que piden que tenga un carácter popular e integral.
Como vemos Fensuagro es solo uno de los muchos ejemplos de organización y lucha agraria.
Conocer y solidarizarnos con estas luchas es clave para que no perdamos la esperanza, combatir el pesimismo y el derrotismo generalizado en nuestros movimientos sociales y coger impulso para construir mediante la organización popular otro mundo posible. Muchas Gracias.
Compañeras y compañeros, hoy desde esta tierra resistente y solidaria, conmemoramos el Día Internacional de la Lucha Campesina.
Recordamos ese 17 de abril de 1996, cuando en Eldorado dos Carajás, Brasil, 19 de nuestros hermanos y hermanas campesinas fueron asesinadas mientras reclamaban su derecho a la tierra. Su sangre sembró una semilla que hoy florece en cada resistencia campesina del mundo, desde las montañas de los Andes hasta los campos Asturianos y del resto del mundo, reclamando territorio, agua, semillas y dignidad.
Colombia ha cosechado tras décadas de camino agrario, resistencia y organización popular avanzar en la restitución de tierras a víctimas del conflicto, fortalecer las economías campesinas y comunitarias a través de figuras como las ZONAS DE RESERVA CAMPESINA y más recientemente en lograr el reconocimiento constitucional de la Jurisdicción Agraria y Rural .
Recientemente, en marzo gracias al impulso de la ministra MARTA CARVAJALINO, el gobierno de Gustavo Petro sancionó Ley Estatutaria que desarrolla esta jurisdicción, creando los tribunales y jueces especializados necesarios. Sin embargo, para que esta jurisdicción deje de ser una promesa y se haga realidad en el día a día del campo colombiano, necesitamos que el Congreso apruebe la ley ordinaria que le dé vida práctica. Como hemos visto, sin reglas procesales claras y garantías de acceso oportuno, la justicia rural sigue siendo una deuda pendiente. No se trata de cuestionar lo avanzado, sino de completar lo que ya está empezado: dotar a los jueces rurales de las herramientas para fallar con celeridad y eficacia, sin que las familias campesinas tengan que esperar años o enfrentar costos prohibitivos para defender sus derechos. No olvidemos que la cuestión agraria ha sido históricamente uno de los principales motores del conflicto colombiano.

Desde esta perspectiva internacionalista que nos convoca hoy, sabemos que esta lucha no es solo colombiana. La vía campesina global nos enseña que la justicia territorial es un pilar de la soberanía alimentaria y la paz. Por eso, desde Gijón, enviamos un mensaje de apoyo y exigencia: que Colombia cumpla con su deber constitucional y estatutario, aprobando ya esa ley ordinaria que permitirá que la Jurisdicción Agraria funcione como debe ser: cercana, especializada y al servicio de quien trabaja la tierra.
No venimos a pedir favores, venimos a recordar que la justicia campesina no es una concesión, es un derecho. Y que, como dijera aquel campesino antes de caer: “Queremos tierra para trabajar, no para morir”. Hoy, en su memoria, renovamos nuestro compromiso: por una justicia que llegue a tiempo, por territorios en paz y por el derecho de las campesinas y campesinos a vivir con dignidad en sus tierras. ¡Que la lucha siga!

POR TIERRA POR SEMILLAS POR LA VIDA ¡SOBERANIA ALIMENTARIA FRENTE A LA GUERRA Y EL HAMBRE EN LOS PUEBLOS DEL MUNDO !
Muñeira campesina
Lleva´l mandilín llenu
De semiente y sentimientu
Va semando lo llabrao
Va faciendo un pensamientu.
Riegu arriba riegu abaxu
Ya ta sallando’l maíz
Mentes de los sos pesares
Va asomando la raíz.
Segurances y panoyes
Van llenando el calderu
Y aunque sean piquiñines
El calderu ya ta llenu.
Na seronda les muyeres
En corru trenzando histories
Que ye la hestoria d’una
Que ye la hestoria de toes.
Pa cuando llega al molín
Nel mirar la molinera
Va ver brillar esti mundo
Esti que agora estrena.
Ta nel fornu la boroña
Empondera al calorín
Berces fuera grasa dientro
Va poder comela al fin.

Lectura pública – Día Internacional de las Luchas Campesinas (Asturies)
Hoy, 17 de abril, salimos a la calle para recordar que la tierra no es una mercancía, es la base de la vida.
Este día nace de la memoria de quienes fueron asesinados por defender su derecho a la tierra, y sigue siendo hoy un grito global frente al despojo, la violencia y la destrucción de los territorios.
Pero también es una llamada urgente en un contexto de crisis ecológica.
Porque no hay justicia climática sin justicia campesina.
Los modelos agroindustriales dominantes degradan suelos, contaminan aguas, destruyen biodiversidad y contribuyen al cambio climático.
Y eso también ocurre aquí.
En Asturies vemos cómo la presión sobre el territorio adopta muchas formas:
proyectos extractivos que amenazan suelos y acuíferos, episodios de contaminación del aire que afectan a la salud y a la actividad agraria, o un modelo territorial que, demasiadas veces, margina al medio rural y dificulta su continuidad.
Sabemos también que la transición energética es necesaria.
Y que las energías renovables han sido clave para reducir emisiones y cerrar las centrales térmicas de carbón.
Pero esa transición debe hacerse con criterios de justicia territorial, participación y respeto a quienes viven y trabajan la tierra.
Frente a todo ello, la agricultura campesina y la agroecología cuidan la tierra, conservan semillas, protegen los ecosistemas y sostienen la vida.
Defender al campesinado es defender los ríos, los montes, los suelos fértiles.
Es defender la soberanía alimentaria: el derecho de los pueblos a decidir qué producen y qué comen, de forma sostenible y local.
Hoy denunciamos el acaparamiento de tierras, la especulación y la expulsión de quienes viven y trabajan en el campo.
Y afirmamos que sin territorio no hay futuro.
Desde Asturies, nos sumamos a esta lucha global.
Porque cuidar la tierra es cuidar la vida.
Y porque no habrá transición ecológica real si no es también social, justa y arraigada en el territorio.


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