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Campañas / Paramilitarismo
Décima Delegación DDHH

Crónicas de la décima: 19 de marzo 2014:

Miércoles 19: fuimos de Popayán a Jamundí en una buseta en la que hablamos de lo humano y lo divino, literalmente. En Jamundí hay una infame prisión en la cual a las prisioneras políticas se les niega aún las toallas higiénicas, papel higiénico y cualquier implemento de aseo. También fue ahí cuando en 2006 un grupo de policía anti-narcóticos fue masacrado por otro que trabajaba para el cartel del Valle. De ahí nos fuimos para Timba, Buenos Aires, Cauca, corregimiento fundamentalmente Afro Colombiano, pasando por infinidad de pueblos, todos con una estación policial en medio del casco urbano, todos con una fuerza policial constantemente atrincherada, que no se moviliza por miedo, a la vez que justifica su presencia con el argumento de defender y proteger que se escapa a la lógica más esencial.

En Timba fuimos recibidos por una organización Afro Colombiana y por personas provenientes de Toribío y Corinto, en el norte del Cauca, y también de Naya, hacia el Pacífico. Los que provenían de Naya tuvieron que viajar un par de días para llegar a la reunión. El norte del Cauca es un área crucial para el esquema de consolidación militar del Estado, pues es un área de intensos combates. Pese a ello, es una comunidad de un fuerte espíritu de resistencia. La gente de Corinto nos habló de los constantes problemas que les ocasiona la presencia militar en comunidades como San Luis Arriba. De Toribío se nos contó la trágica masacre de la Gargantilla, en 2011, en la cual un falso guerrillero, acorde la versión de la comunidad coludido con el ejército, reclutó a un grupo de adolescentes, llevándoselos para el monte para “entrenamiento”. Luego, habría abandonado a los muchachos en un campamento improvisado diciendo que volvería más tarde. Entonces, los Super Tucanos bombardearon asesinando a unos 13 muchachitos inermes. Cuando el ejército desembarcó a recoger los cuerpos, se encontraron con padres que habían ido a recoger sus hijos, desapareciendo a dos de ellos. Los medios dijeron que el bombardeo había eliminado a una unidad completa de élite de las FARC-EP. Dijeron que algunos de los supuestos insurgentes tenían hasta 15 años enguerrillerados, ¡cuando los certificados demuestran que algunos tenían apenas 14 años de nacer! 

Luego, la gente del Naya habló de la situación en sus territorios, de la masacre del Naya, en la cual más de 100 personas fueron asesinadas y desaparecidas por las AUC con total complicidad del Estado, causando un masivo desplazamiento en la región. También nos hablaron de las fumigaciones con glifosato y como unos 30 niños han muerto envenenados en la cruzada contra las drogas. Después la comunidad de Timba tomó la palabra para hablar de su afectación por un proyecto hidroeléctrico y que por esta razón ya no aceptarían más megaproyectos en su región. También denunciaron los ataques y amenazas de la fuerza pública a la comunidad, particularmente después del paro agrario en donde las pacíficas demandas de la comunidad enfrentaron trato militar por parte del Estado.
 
Comimos un delicioso pollito con arroz, plátano y ensalada, y luego salimos para Cali. Cuando llegamos a la ciudad, nos enteramos que había una huelga por un lío con el nuevo sistema de transporte, MIO, el cual es todo un sistema de remodelación habiendo despedido ya a unos 200 trabajadores del transporte público. De manera comprensible, están bien enfadados y bloquearon las entradas a la ciudad. Logramos llegar a la universidad, la cual está en las afueras de la ciudad, llena de murales revolucionarios y hasta con un busto dedicado al padre revolucionario Camilo Torres. Fuimos recibidos por el sindicato de trabajadores universitarios y sostuvimos una reunión con diferentes organizaciones de ddhh: NOMADESC, Suyana, ANDAS, Clamor por la paz, y también oímos casos individuales de violaciones a ddhh: casos de desaparecidos, el caso de Alfamir Castillo, líder de la asociación de mujeres corteras de caña de Pradera, a quien le mataron un hijo en el caso de los falsos positivos, así como el caso de una muchacho campesino a quien le mataron cuatro parientes y le hicieron un atentado por negarse a pagarle  la vacuna a los paramilitares. En general, las intervenciones revelaron la naturaleza de la confrontación en la región y la estrategia de desplazamiento y control de recursos y áreas estratégicas para los acuerdos comerciales y para el gran capital. También discutimos la deplorable situación de los presos políticos y de la necesidad de defender, extender y profundizar el proceso de paz.
 
Cuando salimos de la reunión, nos encontramos con dos sorpresas: la primera, que dos personas habían sido asesinadas y 17 heridas durante la represión a la huelga de transportistas, la segunda, que el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, pese a la resolución de la CIDH sobre su caso, fue depuesto por decisión presidencial en un claro caso de abuso de autoridad de la Procuraduría. Todo  esto nos dio una buena muestra del contenido “democrático” del régimen colombiano.