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Campañas / Paramilitarismo
Décima Delegación DDHH

En tierras del Tolima:

 Sábado 15: en nuestro primer día oficial como delegación, al parecer habíamos comenzado con el pie izquierdo: el maldito dinero. El banco, debido a algún tecnicismo, negó el acceso a los fondos de la delegación. Este problema se solucionaría el lunes pero requirió un poco de creatividad para sortear el lío de los gastos básicos del día a día. Luego de esta primera mini-crisis, nos dirigimos a la Cumbre Agraria, Étnica y Popular. Este fue un evento espléndido… había el sábado por la mañana unos 2000 delegados de todo el país y se esperaba que muchos más lleguen en las siguientes horas y días. La inauguración del encuentro fue vibrante, con muchísimo espíritu y hubo un ambiente de unidad bastante saludable. Los más variados dirigentes de izquierda, incluidos el alcalde de Bogotá Gustavo Petro, Aida Avella, Iván Cepeda y Piedad Córdoba, entre muchos otros, hablaron y arengaron al evento.


Nos encontramos con numerosos amigos y compañeros, incluido el dirigente de Fensuagro Alirio García, y sostuvimos una breve reunión operativa con el sindicato de trabajadores agrícolas del Tolima (Astracatol) en el cual definimos algunos elementos de cooperación para el futuro: un contacto más estrecho, impulso a la Zona de Reserva Campesina en el sur de Tolima, más visibilización de la persecución en contra de la organización en los territorios donde luchan.

 Luego de esta reunión, nos apresuramos a coger taxis para salir a nuestro primer viaje como delegación. En medio de un diluvio de proporciones bíblicas, realizamos la proeza de cruzar las avenidas colombianas con su demencial tráfico, mientras nos empapábamos con la lluvia y con los carros que nos salpicaban. Salimos para el norte de Tolima, en dirección al Líbano (existe una tendencia generalizada en Colombia a llamar a poblaciones rurales con nombres exóticos y cosmopolitas. La carretera es larga, tortuosa y peligrosa. Debido al pobre estado de las carreteras, parecía como manejar por un paisaje lunar. El pobre Mick no estaba demasiado contento con el viaje. Aún así, tuvimos un viaje extraordinario de la mano de nuestro magnífico chofer David, con el bueno de Mick, la encantadora y aguda Teresa Pallop (la coordinadora de Front Line Defenders para América Latina, que vive en Bogotá), y nuestro contacto, la inspiradora y plácida Dra. Liria Manríquez del FCSPP. Lo pasamos bien hablando de toda clase de cosas, desde cachorritos hasta películas de terror, y la psicología de los choferes agresivos. Teníamos un viaje aún más largo y tortuoso por delante hacia nuestro destino final, la comunidad de La Aurora, así que llegamos la noche anterior al Líbano para pasar una buena noche antes de ese trayecto. En lugar de mucho descanso, nos dedicamos de noche al despeluque.


Sin embargo, con una disciplina inquebrantable, el domingo 16 a las 6am estábamos prestos para coger una volqueta con ruedas monstruosas y gigantescas, testimonio de los rigores de la trocha que teníamos por delante. Fuimos, literalmente, sacudidos de un lugar a otro de la volqueta mientras bajábamos por esa trocha más propia para mulas que para vehículos, zigzagueando por laderas y ríos. Sin importar cuán duras sean las vías, el paisaje espectacular bien valía la pena. Los cerros impresionantes, las quebradas, la frondosa vegetación y las mariposas de mil colores que nos acompañaron todo el camino son realmente un privilegio de observar.

 Finalmente, llegamos a nuestro destino: la comunidad nos esperaba con carteles y con un desayuno delicioso. Este es un asentamiento de unas 120 personas, 25 familias, pero con un corazón grande, que palpita bien fuerte.

Luego procedimos a escuchar historias de violencia, desplazamiento forzado y de lucha por tierras. Después de que se retiró el terrateniente, ocuparon las tierras durante más de dos décadas, dividiéndolo entre las familias. Con la penetración paramilitar hacia el 2000, terminaron siendo desplazados, pero eventualmente retornaron para trabajar la tierra y convertir la hacienda en una fecunda tierra donde crece café, maíz, frijol y plátanos. Ahora tienen sobre ellos una orden de desalojo, ya que los hijos del antiguo terrateniente, un mayor retirado del ejército, están tratando de recuperar los derechos de propiedad sobre una tierra que abandonaron hace más de tres décadas. Su idea es sacar una compensación económica, no producir. Igualmente preocupante es la reciente aparición de panfletos amenazantes en contra de varias personas de la comunidad y de las áreas circundantes. En ellos, se les acusa de ser “terroristas”. Pese a que ningún grupo se adjudicó los panfletos, está escrito en un estilo y lenguaje claramente paramilitar, por lo cual la angustia en la comunidad no es poca.

También nos encontramos con un líder local de Astracatol de Rovira, quien nos informó de la violencia con la que se trató de frenar al paro agrario en 2013. Y nos encontramos con una joven activista de Cosajuca, una asociación de jóvenes de Cajamarca, Tolima, quienes están juntando fuerzas en la resistencia contra la Anglo Gold Ashanti, una empresa megaminera insostenible que está determinada a destruir el medio ambiente y el tejido social a fin de salirse con la suya y explotar el más inútil de todos los metales: el oro.

Màs tarde volvimos al Líbano para juntarnos con el alcalde de la ciudad, para informarle de los hallazgos de la delegación. También hizo presencia el capitán de policía del Lìbano, un intendente de inteligencia militar y la corregidora de Santa Teresa, localidad del municipio colindante con La Aurora. Durante la reunión, tanto la competente presentación de Javier y Ana, así como la apasionada presentación de la Dra. Liria, pusieron en el tablero los peligros inherentes a esos panfletos, el preocupante acoso policial que angustia a la comunidad y la naturaleza política de la orden de desalojo en contra de la comunidad de La Aurora. Entre las recomendaciones hechas a las autoridades locales, se solicitó que la policía dejara de fotografiar a los miembros de la comunidad cuando se reunían, así como que se frenaran otras formas de acoso. También se solicitó que el alcalde se reuniera con la unidad de restitución de tierras para que la disputa por las tierras llegase a las cortes. Ojalá que nuestra presencia ayude a los esfuerzos de esta comunidad y de quienes les apoyan para que se les garantice su acceso a la tierra, a la vez que ayude con un granito de arena para que haya justicia social, un componente tan crucial para crear esa Colombia alternativa que esté en paz consigo misma. Lo deseamos desde el fondo de nuestros corazones.


Ahora vamos nuevamente en la carretera larga y tortuosa, pero sabemos que tarde o temprano llegaremos a Bogotá para descansar y prepararnos para las actividades de mañana.



La policía agredió y torturó a un campesino y dos menores de edad en El Líbano (Tolima)
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182167