neñes/os de la guerra

Contra el Olvido: Memoria colectiva.

Un 23 de septiembre de 1937, para librarles de los continuos bombardeos franquistas sobre la población civil, -Gijón sería una de las ciudades más bombardeadas del norte-, partiría desde el puerto de El Musel un carguero de carbón con cientos de aquellos “Niños y niñas de la Guerra” .

Araceli Ruíz, la presidenta de la asociación de neñas/os de la guerra, compartió su testimonio ante la escultura de Moreira que recuerda la efeméride frente al mar, en el Arbeyal, playa de Gijón:

“Yo también fui una refugiada. Estoy agradecida por la suerte que tuvimos: Rusia nos acogió con los brazos abiertos y pudimos salir adelante". "El Cervera disparaba en horizontal, los aviones nazis en vertical, fueron momentos muy duros en esta ciudad". "Nos metieron en un barco para superar el bloqueo naval, hasta la bodega rodeados de carbón, lleno de niños, hasta llegar a Francia.". "Estoy muy contenta de estar con nuestra gente, con mi grupo de Rusia adonde logramos llegar tras estar en Ucrania, en Odesa, hasta que fuimos acogidos en la URSS y pudimos estudiar hasta acabar la carrera universitaria y luego trabajar".

"Yo recibí una ayuda esencial cuando mi país estaba en guerra. Yo no fui a refugiarme, en realidad, sino más bien a recibir una ayuda humana, que es la que necesitaba el pueblo español entonces, y sobre todo los niños, los que más sufren las guerras, los menos responsables de lo que pasa... Humanidad es lo que hace falta, ayuda para la gente que lo pasa mal como nosotros, que ha pasado por calamidades, hambre, frío, por la falta de cariño, que es lo que nos regalaron en Rusia".

Araceli rememora su estancia en Cuba, su encuentro con el Che Guevara, su ofrecimiento para que pudiera reencontranse con sus padres.
"El Ché me preguntó por todo, por cómo era ser niño de la guerra, por dónde vivimos, por mis padres... Le dije que estaban en Gijón y llevaba sin verlos casi 30 años. ... El Ché lo organizó y en una semana estaban mis padres en Cuba".

Araceli no volvió a estas tierras hasta que el dictador, el que dio el Golpe de estado, estaba muerto. Y recomienda: No Olvidar.

Del estruendo de los aviones de guerra líbranos alcaldesa, dijeron este año la gente güeligaites a la edil mayor de Xixón, a propósito de la propaganda de guerra en julio en estos cielos, que vieron partir al desarraigo y el exilio a más del millar de guajas y guajes, cuando otros aviones de matar estaban surcando estas mismas coordinadas 81 años atrás.

El martes próximo, otra concentración de rechazo ciudadano a la venta de armamento, tendrá lugar en otra plaza de este Conceyu, y son las mismas preocupaciones, incertidumbres, horrores. 81 años atrás, o en el presente de Yemen, de Palestina, de Colombia, de Siria, de Afganistán, en Kurdistán, y son los mismos intereses guerreristas, imperialistas, fascistas, que pretender acabar con las culturas, con los pueblos, con las resistencias, con los planes de vida de las comunidades.

Lo consiguen en cierta forma, a coste de muerte y de exilio prolongado, de destrucción masiva, de apropiación indebida. Pero provocan nuevas resistencias, se fortalecen alternativas, solidaridades, perplejidades también por el alto grado de dignidad que se logran construir, que se sustentan en los valores de convivencia, de aspiraciones a una paz duradera, sustento de soberanías, antimilitarista , creativa, donde la vida y la felicidad de las gentes no se desbarate con aparatos sofisticados de destrucción, de guerra.

Podríamos o deberíamos acercarnos hoy a través de cualquier poema de don Pablo Neruda, que cumple 45 años, y cuando se sigue debatiendo..¿murió de pena, por el Golpe, lo mataron los militares..? Fue uno de los promotores, organizadores, de barcos que como el Winnipeg (¿el mejor poema de Neruda) lograron sacar a miles de personas rumbo a Chile donde fueron protegidos, como Araceli y quienes tuvieron destino y nueva vida en la URSS..

Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba
con su remoto nombre “Winnipeg”
Pero mis españoles no venían
de Versalles,
del baile plateado,
de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.
De más lejos,
de campos de prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco claro,
al navío en el mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba,
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.
 
Labriegos, carpinteros,
pescadores,
torneros, maquinistas,
alfareros, curtidores:
se iba poblando el barco
que partía a mi patria.
Yo sentía en los dedos
las semillas
de España
que rescaté yo mismo y esparcí
sobre el mar, dirigidas
a la paz
de las praderas.
 
Neruda, en “Memorial de Isla Negra”

..pero también podemos hacerlo a través de otros versos..

Una síntesis muy cercana es el poema Respira Palestina. Ruptura en Racimo.

“Respira. No temas a lo que ha estallado. Si has de temer, teme a lo que no ha explotado aún.

Dejamos atrás silencios clandestinos. Ejecuciones. Tardes de Domingo. Regar las flores. La piel del asesino. El mando a distancia. Regar las flores. Liar un cigarrillo con goma dos. Una calada. Y más distancia. Otro ataque al corazón. Una calada. Nadie sabe dónde estarás. Eres un daño colateral. Y exhala el humo. Otra ejecución. Y exhala el humo. Y pone a cero el contador. Nos están matando, nos están matando…

No busques sombra detrás de mí. La llevo dentro. No tengo ejército…

Que nadie apague tu aliento… Respìra Palestina …No busques sombras tras de mi. Las llevo dentro. No tengo ejército… Respira

Y respiramos polvo. Y otro Adiós sin retorno. Y otro dios en formol. Y otra ceguera en los ojos. Y otro Sin dios. Estoy solo. Otra bocanada. Otra habitación cerrada. Con su cal y con su canto. Con mi dolor. Otro apunta y dispara. Y nadie sabe dónde estarás. Otra cruz gamada. Otro campo de concentración. Otro código de barras tatuado en mi muñeca. Otra calle desierta. Otro registro a la entrada. ¿Y dónde está la salida? Otra lluvia de ceniza a este lado de la valla. Otra despedida. Y más distancia. Otro no me queda nada. Otro disparo sin voz. Otro derecho de pernada. Otro estado de sitio. Otro pañuelo palestino atravesado por una bala. Otra tarde de Domingo. Otra colada. Regar las flores. Y el mando a distancia. Otro juego de niños. Otra intifada. Otra piel arrancada. Regar las flores. Otro alto en el camino. Otra plaza. Otra ejecución. Otra tarde de Domingo. Otra flor, bañada en sangre. Otra palabra torturada. Otro disparo. Otro hijo muerto. Otro desarme con ataúdes llenos de cadáveres. Otro alto al fuego que no para de disparar. Y tiran a matar. Y tiran a matar.

Y siempre mueren los mismos. Y cuesta tanto respirar. Otra ruptura de racimo. Otro a punto de estallar. Otra tarde de domingo. Otra muesca en tu sofá. Otro laberinto. Otros altos del Golán. Otro cielo hecho añicos. Otro niño sin edad. Otro grifo sin cerrar. Otra tarde de Domingo. Otro Muerto. Otras flores sin regar. Otro muerto ¿Qué más da? ¿Quién da más?

No busques sombra detrás de mí. La llevo dentro. No tengo ejército

Y cuesta tanto respirar este polvo del desierto, está herida sin cerrar, este no tienes derechos, esta cárcel de ojalá alguien pueda darme aliento. Otra bala perdida en el mismo pecho, agujereado. Otro cielo hechos pedazos. Otro ejército de ocupación. Otra tierra muerta. Otro pecado. Y otro Yo. Otro tiro en la cabeza. Otros derechos humanos metidos en un ataúd.

Respira. No temas a lo que ha estallado. Si has de temer, teme a lo que no ha explotado aún.

No busques sombra detrás de mí. La llevo dentro. No tengo ejército…”