El Gigante Durmiendo: El movimiento indígena y racismo post-CVR

Lisa J. Laplante (1)

Director de Investigaciones y Programas

Praxis Instituto de Justicia Social

En el tercer aniversario del Informe Final de la Comision de Verdad y Reconciliación (CVR) saltó en una manera contundente el tema de racismo. De hecho en varios de los eventos que figuraron como parte del la campaña nacional “La Herida Sigue Abierta” los ponentes reclamaron que en el discurso sobre el quehacer en el contexto post- CVR falta abordar el tema de multiculturalidad de los pueblos indígenas.

Como la CVR ha demostrado, la mayoría de victimas no solo vinieron de los zonas mas pobres sino también fueron aquellos históricamente marginalizados y discriminados del país. Por consiguiente, parte de la recuperación nacional es construir “un pacto social nuevo” entre sociedad y el Estado, asimismo entre miembros de esta sociedad en si, para que todos y todas los peruanos y peruanas sean considerados ciudadanos y ciudadanas con derechos plenos.

Esta visión fue presentada como “el gran horizonte” hacia la reconciliación nacional dentro de lo cual el respeto de la interculturalidad nutre tal camino. Por tal razón, el multiculturalidad figura como uno de los temas transversales en el Plan Integral de Reparaciones (PIR).

Julie Guillerot y Lisa Magarrell explican que el enfoque de un país pluricultural y multiétnico “reivindican el derecho de los pueblos quechuas e indígenas, a los que pertenecen la mayoría de afectados, a ser reconocidos como ciudadanos plenos”(2) Como un planteamiento de suma importancia, ellas advierten que tal idea no debe quedar como “mera retórica”, al contrario, “estos enfoques deberían ser una herramienta para evitar que la implementación del PIR reproduzca y perpetué estructuras injustas y discriminatorias.”(3)

Sin embargo, en la práctica, seguir el consejo de estas autores no es algo sencilla ya que requiere confrontar una cultura saturada con tendencias de gravitar hacia subclases de ciudadanía dictados por un jerarca social, económico y racial. El ex presidente de la CVR Salomón Lerner, nos hizo recordar que tal divisiones tienen sus raíces en la historia de los conquistadores significando que nunca fue una nación “conciliada.”(4)

Asimismo, Pepi Patrón hablaba de las “fracturas” de la democracia peruana, “Debemos mirarnos de frente y decir: Somos un país profundamente racista,” exclamó. Ella añadió que es necesario hacerlo “sin vergüenza y sin temor porque de otra manera no vamos a poder enfrentarlo.”(5)

Para mostrar esta tendencia racista, Carlos Iván Degregori, hizo referencia a las legisladores del Cusco, María Sumire e Hilaria Supa, quienes habían insistido en hacer su juramento en su lengua nativa, invocando el derecho constitucional de la pluricultural y multilingualdad.(6) El escándalo, chistes y sarcasmo generados por sus pedidos de tener una traductora revelaron las dificultades de reconciliar donde nunca hubo conciliación.

Ivan Degregori opinó que la experiencia de ellas “no deja la imagen de un país diverso de todos sangres” por al contrario “sigue siendo un país excluyente en lo cual tiene que ser como ‘yo’ para tener los derechos que ‘yo’ tengo y esa ‘yo’ por lo general es en punto masculino, urbano, educado, castellano hablante y con piel clara.”

De hecho, el estigma y vergüenza del idioma quechua (y los otros 50 pertinente del país) meramente es simbólico de un desprecio y menosprecio generalizadas de las personas dueñas de esta(s) lengua(s). Así, una informe reciente de la revista Norteamérica La Economista con titulo “Mas Poder para Una Lengua Antigua” subrayó que “en Perú solo se convertirá en una democracia armonizada cuando se reconozca sus desigualdades éticas.”(7)

La reincidencia al populismo en las ultimas elecciones presidenciales sacudió el País, causando una profunda preocupación por la aparente división del mismo. Se reveló que en efecto existe dos Perú. Según Carlos Ivan Degregoria la experiencia tuvo un “efecto no esperado” en que de pronto la “exclusión es centro de la agenda nacional”. Sin embargo, el ex comisionado también señaló que hasta el momento se ha concentrado demasiado en el aspecto económico y social, omitiendo el aspecto cultural y racial. Explicó, rotundamente, que según el Informe Final de la CVR, el racismo, exclusión y discriminación fueron los que provocaron la violencia política y no solo la pobreza.(8)

Así, en Profesor de la Universidad de Mount Allison, Canada notó “el silencio” alrededor del tema de las indígenas en el Perú, notando la diferencia con otros países en el cono sur.(9) En vista de la falta de un fuerte movimiento de ellos, él se lo refiero con la metáfora “el gigante durmiendo.” En un tono ominoso nos pregunto: “¿que pasara cuando este gigante despierta?”

Efectivamente, salvo esta semana, el tema de racismo no ha entrado profundamente en el debate post CVR. Asimismo, no se encuentra dentro el dialogo el tema de los derechos de las indígenas. Al contrario, cuando se hace referencia a este grupo de personas se atomiza las características—quechuahablante, campesino, analfabeto, pobre—lo que puede tener el efecto de preservar el desprecio dirigido hacia personas con tales condiciones, insinuando su debilidad.

Más que nada, es importante reconocer la tendencia de usar el color de la piel como “proxy” (indicio) para todos los otros características diminutivas. Cuando “los ricos” (muy de menudo los “yo”s indicado por Ivan Degregoria) discriminan contra los pobres, se usa sus características físicos (rasgos indígenas) como indicio para distinguirlos.

Preguntando los propios campesinos, no se encuentra una consciencia ni orgullo de ser indígena. Al contrario, el término “indígena” parece demasiado vinculado al término “indio” y el estigma antiguo de tal denominación. Sin auto-identificación de la pertenencia a esta categoría tanto social como legal resuelta que en la práctica no rigen los derechos que en teoría protegen y celebran el estatus de ser indígena.

Peor, es muy frecuente que estas mismas características atomizadas obstaculicen la plena integración y participación de los afectados en el proceso político de exigir la implementación de las recomendaciones de la CVR. Es común escuchar, “ellas son analfabetas para explicar el porque las mamitas no pueden hacer incidencia. Así, refuerzan el prejuicio de que el no saber leer significa ser tonta e incapaz de aprender, y por consiguiente, ellas queden dependientes de intermedios. Empero, e irónicamente, es esta participación que en teoría podría ayudarles en la recuperación y construcción de ciudadanos y ciudadanas.

De hecho, se escucha los afectados se quejan por sentirse excluidos en la toma de decisiones y las acciones concertados de exigir la implementación de las recomendaciones de la CVR. No son líderes de este movimiento de exigencia a pesar de que es un consenso de que sin “su voz unida” no va a adelantar lo de la CVR.(10)

¿Porque en la lucha para reparaciones los afectados no tienen peso político para reclamar su implementación? Ellos preguntan: ¿Por qué no nos incluyen en las tomas de decisiones, como ponientes en los talleres y seminarios, ni los puestos de los ONGs? Las respuestas podría ser difícil contemplar pero la reflexion podría abrir la puerta del tipo de cambio que fue invocado por la CVR. Para muchos de ellos, la respuesta ya esta clara: Esta exclusión no es por ser pobre y por faltar capacitación, pero algo mas sutil que les hace todavía “otros” y “diferente”. Aquí es importante recordar el consejo de las autores Guillerot y Magarrell de no dejar que durante el proceso de implementar las recomendaciones de la CVR se replique los padrones de exclusión.

Una anécdota siempre me ayuda entender lo que es una curiosa falta de dialogo acerca de racismo en el Perú. Ocurrió mientras que estaba haciendo un estudio con la oficina de las audiencia públicas de la CVR y tuve que diseñar un cuestionario para entrevistar personas que han dado sus testimonios en las audiencias públicas. Con el borrador en mano, fui a consultar Eduardo González, coordinadora de tal oficina, para ver si lo faltaba algo. El empezó a leerlo, revisando las preguntas preeliminarías las cuales cubrieron los datos básicos: nombre, edad, religión, sexo, raza…. Al encontrar el último, Eduardo me informó que no podía preguntarlo. Me quedó boquiabierto:

- ¿porque no? Lo pregunté.

- Porque la gente no va a poder contestar, nosotros normalmente no nos preguntamos esa.

Tuve un momento de disonancia cognitivo debido a mi propia formación ya que en mi país (los EEUU) existe una fuerte consciencia de raza que defina claramente – a veces demasiado—nuestras identidades raciales y igual la existencia fuerte de racismo allí. Por ejemplo, en cualquier cuestionario—desde comprar un producto hasta el registro de voto— siempre nos preguntan sobre la raza.

Fácilmente, se puede encontrar de repente hasta 10 categorías: blanco, negro, asiático, latino, americano nativo…muchas veces se pone guiones (afro-latino) para crear aun más precisión en nuestra definición de raza para cubrir los hijos producto de padres de dos razas. Por tal razón, tuve que insistir:

- Realmente no lo entiendo Eduardo.

- Mire, entonces…

Así Eduardo empezó a preguntar cada persona en la oficina sobre su raza. No podía faltar notar que cada una nos miró con una cara confusa, y dando mucha pausa antes de finalmente contestarnos con mucha incertidumbre:

- um, Mestizo? …

Realmente, fue un momento que me asombró pero lo cual ahora, cuatro años después, me confirmó que en el Perú todavía hay una falta de consciencia de raza, y por esa, el racismo siga no enfrentado.

¿Puede ser que la falta de definición sobre raza refleja una nación multicultural y tolerante de diversidad? A veces me he preguntado si se nos libera poder llamar a una persona como es: chino, flaco, calvo, gorda…cholo. ¿Puede ser que decirlo de frente simplemente refleja un nivel de sentir cómodo con la realidad?(11)

Me dio pausa esta pregunta hasta de que mi di cuenta que los apodos pueden ser nocivos. De hecho, ¿no es un medio-insulto, aun cuando vacilando, para llamar a tu amigo “cholo” por los prejuicios que implica: tonto, flojo, menos, lo que sea? Y sabemos todos que “ser cholo” significa no solo exclusión de los restaurantes y discos patucos sino también atención en salud o una educación adecuada entre otras cosas que nos provee una vida digna. Así me di cuenta que la denominación si se duele. Ser cholo significa no ser el “yo” que se refiere Ivan Degregori—un “yo” con derechos.

Este ejemplo de los apodos simplemente demuestra tan difícil es enfrentar el racismo. Como explicó Carlos Ivan Degregoria sobre el racismo, “todos tenemos [racismo] adentro” y que puede salir sin darnos cuenta y que muy de menudo “lo practicamos sin darnos cuenta que estamos ofendiendo el otro o otra.” Reflexionar y lograr tener consciencia sobre nuestras propias tendencias al racismo es un proceso doloroso y a veces divisivo.

En los EEUU la alta consciencia de raza a veces nos estrangula y distancia de nuestros propios vecinos. Hay gente que vive dentro de su enojo de ser tratado diferente por no ser blanco, o al contrario, gente que no sabe como (y siente muy incomoda) hablar con alguien que no es blanco. Cada una de nosotros en algún momento de nuestra vida tenemos que preguntarnos: “soy racista?” …o peor… tenemos la experiencia de ser acusados de ser “racista”. Aunque sueña difícil, es precisamente este momento clave de auto-reflexionar sobre nuestros propios prejuicios y costumbres que nos permite hacer a nuestro vecino no ser tan “otro” y “ajeno”.

Este auto-interrogación es el primer paso hacia un lugar—ojala no tan lejano donde realmente el color y rasgos de una persona simplemente se vea como algunas entre muchas otras características las cuales no se define su valor. Es decir, ser “ciego a color” (color blind) no significa no ver color, pero al contrario, es verlo pero sin juzgamiento de un valor impuesto. Tolerancia de diferencias significa no hacer alguien “menos” si no tiene las características de la clase dominante.

Después de los 3 años desde la presentación del Informe Final de la CVR parece muy oportuno empezar a dialogar sobre como enfrentar el racismo en el camino hacia reconciliación. Así, la visión de un “nuevo pacto social” significaría la celebración de todas las sangres del país. Así, en el momento de que despierta “el gigante durmiendo” se puede contar con una democracia más fuerte y armonizada y no una con tendencia de caer en las mismas tragedias de ayer—no al la racismo para que no se repite.

1. El autor actualmente esta dirigiendo el estudio “Después de la Verdad: Las Políticas de Reparaciones en el Perú post-TRC”, auspiciado por el United States Institute of Peace.

2. Reparación en la transición peruana: Memorias de un proceso inacabado(2006: 35). Libro presentado el día 21 de agosto.

3. Ibid.

4. Ponencia en el seminario internacional “Condiciones para lograr la reconciliación en el Perú” convocada por Instituto Bartolomé de las Casas (22 de agosto).

5. Presidente de la Asociación Civil Transparencia, Ponencia en la conferencia “Democracia y pacto social en las Américas: retos y posibilidades”, convocado por la Embajada de Canadá, Comision Andina de Juristas, y el Instituto de Democracia y Derechos Humanos el día 28 de Agosto en el Museo Nacional.

6. Ponencia en la conferencia “Condiciones para lograr la reconciliación en el Perú” (24 agosto 2006).

7. Presentado por Carlos Ivan Degregori en su presentacion, Ibid. Revista edición 17 agosto.

8. Véase Conclusión 9 del Informe Final de la CVR:. “La CVR ha constatado que la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y poco educado, no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país; ello delata, a juicio de la CVR, el vela-do racismo y las actitudes de desprecio subsistentes en la sociedad peruana a casi dos siglos de nacida la República.”

9. Ponencia en “Democracia y pacto social en las Américas”, Ibid.

10. Observación también hecho por Iván Degregori en la presentación del libro de Guillerot y Magarrell, Ibid.

11. Entre extranjeras, bromeamos que si llamas una chica en los EEUU gorda, puedes esperar un ojo negro.