Gijón celebró el fin de la guerra con las FARC

Celebrando..que se pueda iniciar un proceso para construir la Paz..

En Gijón/Asturias celebramos el fin de la guerra con las FARC y pusimos en valor los Acuerdos firmados ayer en Cartagena de Indias. Se llenó el café de Macondo con gentes colombianas y astures solidarias con Colombia. Presentamos vídeos y canciones de la lucha fariana y como gesto de gratitud a Cuba -sede de los diálogos por más de cuatro años- hicimos una foto colectiva junto a la estatua de Martí en la Plaza de La Habana.

La intervención de Soldepaz Paz para Colombia reivindicando la alegría, la solidaridad y la esperanza, fue seguida por una intervención colombiana que reproducimos:

“Hoy terminan 52 años de lucha armada para una guerrilla invicta en el combate, las FARC-EP. Muchos de sus mejores dirigentes y combatientes cayeron en combate, muchos otros –as están presos-as como SIMON TRINIDAD, y muchos-as más les relevaron y convirtieron a las FARC en una fuerza beligerante, en un sujeto político con apoyo de masas que no fue derrotado a pesar del poderío militar y tecnológico de los EUA, ni por el terrorismo de Estado. La firma de los Acuerdos de La Habana está rodeada de una movilización popular convocada por nuestra CUT en Cartagena de Indias, pues los acuerdos requieren de pueblo movilizado que los haga cumplir.
Es un día histórico para quienes hemos nacido en medio de un conflicto que se inició en 1500 con la resistencia de los pueblos indígenas a la invasión española y alemana, y que continuó en 1600 -cien años después- precisamente en Cartagena de Indias con la insurrección de los esclavos negros encabezados por Benkos Biohó, y siguió en Santander, frontera con Venezuela- con la insurrección comunera de 1781 por gentes cansadas de tributar hasta la vida para un rey que nunca estuvo en América, que ni conocían pero que monopolizaba todo.
Luego vinieron dos guerras simultáneas, la de la independencia de España de 1810 a 1819 y la guerra civil iniciada por Centralistas y Federalistas criollos entre 1812 y 1815, ambas ganadas por las tropas de Simón Bolívar que echó a los españoles y se declaró centralista. Veinte años después comenzó la Guerra de los comandantes Supremos (1839-1841) que llegó hasta el Ecuador y fue iniciada por curas que no aceptaron la orden del gobierno de disolver los seminarios con menos de 8 frailes y convertirlos en centros públicos de enseñanza.
A los diez años se prendió la guerra civil iniciada por los terratenientes del Cauca sublevados contra la norma que decretaba la libertad de los esclavos negros e indios ordenada por Bolívar 30 años atrás y que ellos seguían sin cumplir. Luego vino la Guerra civil de 1854 que se libró entre liberales de nuevo en Santander. Luego la Guerra civil de 1860-1862 de nuevo librada en Santander en un rebrote -medio siglo después- del enfrentamiento entre federalistas y centralistas.
Después vino la Guerra civil de 1876-1877 desatada por la iglesia, renuente a que el estado impartiera educación laica, reeditando así la guerra de 40 años antes por la misma causa. Luego hubo otra guerra civil, la de 1884 a 1885 originada en mi tierra Santander por liberales radicales contra el centralismo conservador, reeditando por tercera vez en menos de un siglo la guerra entre centralistas y federalistas.
Acabada esta contienda nos cayó la Guerra civil de 1895 de nuevo en mi tierra con un alzamiento en armas contra las leyes represivas que permitían apresar sin juicio y sin aviso a opositores políticos, eliminando las libertades individuales y la libertad de prensa. A medio día a lomo de caballo de Concepción, Santander, terminó esta guerra dejando en el campo de combate más de mil campesinos muertos a machete.
Terminó así el primer siglo de nuestra independencia de España, pero no las guerras pues se prendió la Guerra de los Mil Días que duró de 1899 a 1902 originada en Bogotá y que se libró en Santander entre liberales radicales y el ejército nacional de ideología conservadora. Aquí también hubo como ahora un empate militar negativo que se cerró con un pacto de paz que duró 45 años hasta que en abril de 1948 tras el asesinato del líder popular Jorge Eliecer Gaitán de inspiración obrera y anti imperialista, vivimos por diez años terribles lo que los colombianos conocemos como “La violencia” entre liberales y conservadores.
Fue un conflicto extremadamente violento en el que se usó el terror de estado a gran escala a través de la policía nacional y de los grupos paramilitares conocidos como “chulavitas” y “pájaros” que despojaron de sus tierras al campesinado, asesinaron entre 200.000 y 300.000 personas, y desplazaron a más de 2 millones de campesinos-as, una quinta parte de la población colombiana que en ese entonces era de 11 millones de habitantes.
Al final de esta guerra hubo un pacto que se firmó aquí en España en la ciudad de Benidorm en el que los dos partidos tradicionales y oligárquicos se turnaban para gobernar excluyendo cualquier otra opción, hubo una amnistía para más de diez mil guerrilleros liberales encabezados por Guadalupe Salcedo quien a los pocos meses fue asesinado luego de estar desmovilizado, desarmado y de civil en las calles de Bogotá.
Los últimos liberales alzados entraron a caballo a Concepción-Santander un lunes día de mercado, acompañados por gentes como mi madre que admiraban el coraje de Hernán Torres y su tropas por proteger a los pueblos liberales enfrentados a los fascistas y paramilitares del partido conservador.
Pero la persecución continuó y grupos de campesinos-as se echaron al monte para protegerse en sitios como Marquetalia y Gaitania, visitadas en marzo de este año por la XII visita asturiana de derechos humanos. De ahí nacen las FARC, luego el EPL y el ELN en Simacota-Santander, guerrillas que combaten desde 1964 hasta nuestros días.
Como ven, en Colombia la guerra ha sido una constante histórica, como nuestra resistencia al despojo y al terror, de ahí que haya quienes no creen que de un día para otro se detenga un tren de violencias y enfrentamientos tan largos, y sin embargo hay que caminar hacia el final negociado de esta guerra interminable.
Quinientos años después, o menos, dependiendo desde dónde quieras contar, nuestro país sigue sin paz, sin justicia social, sin garantías para la vida y las causas de la guerra siguen sin resolverse: la exclusión violenta, la inequidad histórica. A la solución de estos problemas estructurales apuntan varios de los acuerdos entre el gobierno y las FARC.
Podríamos continuar la guerra como en Cien años de soledad, motivos hay, como que este año nos han asesinado 39 dirigentes sociales y los paramilitares campean impunes para beneficio de las transnacionales, pero la evidencia demuestra que no hemos podido resolver ningún conflicto con la violencia como queda demostrado en este recuento, en la repetición sin fin de enfrentamientos y de causas en espirales, ciclos de violencia sin manera de detenerlos.
El reto es poner al centro la lucha política, la reconstrucción del movimiento popular golpeado por medio siglo de el último de los 21 conflictos armados internos de los últimos dos siglos, y fortalecer la movilización social que lucha por la democratización del país y que exige diálogos inmediatos con el ELN y con el EPL con la participación de las organizaciones sociales.

La última Conferencia de las FARC ratificó hace dos días por unanimidad el Acuerdo de La Habana para la terminación del conflicto. Es pues un momento de alegría. Estamos en un momento histórico que compartimos con UDS que nos han acompañado en los últimos 16 años de la última guerra a la que aún le quedan dos negociaciones pendientes.Es un valiente un paso hacia adelante para seguir afrontando con lucha política y movilización al neoliberalismo que siembra inequidad y exclusión en todas partes.
En medio de los dirigentes sociales asesinados-as –van 39 este año- y al hilo de los acuerdos, exigimos garantías, que dejen de matarnos. Llamamos a conversar, a debatir. Los cambios generan miedos y divisiones que enfrentamos con el mismo valor de tantos años de confrontación, para que las próximas generaciones vivan en un país sin terrorismo de Estado, sin las violencias que origina el despojo y la exclusión.
Hoy celebramos este paso histórico. Hoy terminan 19 mil días de conflicto con las FARC. Hoy brindamos por la solidaridad internacional, por el humanismo, por el internacionalismo, por el valor de las FARC, por nuestro pueblo, un pueblo de gentes valientes, luchadoras, que siguen en la brega y que está llamado el próximo 2 de octubre a votar SI en el plebiscito por la Paz.
Con tantos amigos-as asesinados, presos, desaparecidos, con tanto dolor y heridas frescas y con medio país aún en guerra, nos aferramos a la esperanza de que es posible construir una sociedad diferente y nos damos valor para seguir buscando paz con derechos y dignidad”.

Javier Orozco Peñaranda.