Soberanías

20 años de Luchas

Este 17 de abril celebramos los 20 años del Día Internacional de las Luchas Campesinas con la masacre de Eldorado dos Carajás y Berta Cáceres en la memoria.

Un 17 de abril como hoy, en 1996, policías militares brasileños abrieron fuego contra una marcha del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil en Eldorado dos Carajás en el estado brasileño de Pará. Diecinueve personas fueron asesinadas. Su crimen fue luchar por el derecho a la tierra.

Desde entonces, cada 17 de abril, campesinas y campesinos de todo el mundo celebran la lucha por la tierra, la defensa del territorio y los derechos de las personas que producen nuestros alimentos en todo el planeta.

20 años después, Berta Cáceres, compañera indígena del pueblo Lenca, una de las fundadoras del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) fue asesinada en su casa. Berta, como los sin tierra de Brasil, fue asesinada para ocultar los crimenes, la persecución y la criminalización de indígenas, comunidades negras, campesinas y campesinos, activistas ambientales y tantas otras y otros, a manos de sicarios de empresas, favorecidos por gobiernos. Los que mataron a Berta querían acabar con su lucha, que es la nuestra, por la defensa del territorio frente al saqueo de las multinacionales.

En estos veinte años no tenemos mucho que celebrar: el campo se queda sin gente, cada vez hay menos campesinas y la alimentación cada vez está más controlada por las grandes multinacionales. Además cada vez se dedican menos tierras a cultivar alimentos sanos y más tierras a producir mercancías baratas. Nunca hasta ahora se habían producido tantos alimentos y, sin embargo, el número de personas hambrientas en el mundo no deja de aumentar. Mientras tanto los Tratados de Libre Comercio negociados por los gobiernos manipulados por las multinacionales amenazan con acabar con lo poco que queda de las economías locales y con la soberanía de los pueblos.

Aquí, en Asturies, mientras el campo se queda desierto los alimentos que consumimos se fabrican industrialmente. Así, el medio ambiente se deteriora y nuestra calidad y seguridad alimentarias también. Los incendios de los meses pasados son la punta del iceberg de una realidad, la de nuestro mundo rural, que agoniza frente a un proceso de destrucción al que se ve sometido como consecuencia de unas políticas agrarias dictadas en despachos cerrados a miles de kilómetros.

Soberanía Alimentaria

Frente a esta situación organizaciones campesinas de todos los continentes unidas en la Via Campesina proponen luchar por la soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a decidir cómo producir y distribuir sus propios alimentos, garantizando la alimentación de todas las personas. Este derecho se sostiene en el trabajo de los campesinos y campesinas, de las pequeñas y medianas productoras, de las pescadoras, de las pastoras, de las indígenas que son quienes mantienen la producción de alimentos basándose en los conocimientos tradicionales y en la conservación de la biodiversidad.

Creemos que la soberania alimentaria tiene que ser feminista. Para ello, tambien es importante reconocer y visibilizar el papel de las mujeres en esta lucha, la resistencia cotidiana de nuestras abuelas, de las indigenas, de las campesinas... que han cuidado siempre de nuestros cuerpos y de nuestros territorios. Sin embargo la soberania alimentaria no puede ser sólo responsabilidad de las mujeres. Hombres y mujeres tenemos que ocuparnos de forma corresponsable de la alimentación y de todos los trabajos asociados al mantenimiento de la vida.

Sabemos que no puede haber soberanía alimentaria sin un apoyo claro a la producción agroecológica de alimentos. En Asturies existe una red de pequeñas productoras, dedicadas a la agricultura y a la ganadería ecológicas, que se empeñan en mantener unas formas de producción y de vida que les permitan resistir en un medio rural camino de la despoblación.

Sin embargo la falta de medios para desarrollar su trabajo, los bajos precios de los productos agricolas y la desvalorización de la vida en el campo, la falta de politicas e incentivos que apoyen a la agricultura campesina y la existencia de legislaciones adaptadas a la gran producción que no favorecen la producción local y artesanal de alimentos, son algunos de los problemas a los que se enfrentan en su lucha cotidiana.

Todas somos responsables

Todas somos responsables en la medida en que todas somos consumidoras de alimentos y, por tanto, podemos tomar decisiones conscientes que pueden influir en nuestro entorno más cercano, para empezar.

El consumo responsable implica preguntarnos por lo que hay detrás de cada alimento que compramos. La lechuga empaquetada que recogemos de la estantería del supermercado quizás tenga detrás a trabajadoras inmigrantes acosadas y explotadas, a agricultoras locales que no pueden competir en un mercado que disminuye cada vez más el precio de su trabajo, o al pequeño comercio del barrio que acaba teniendo que cerrar por la competencia desleal de las grandes superficies. Seguramente también tiene detrás muchos pesticidas y abonos químicos que contaminan las tierras y las aguas, o capas y más capas de conservantes y plásticos que permiten que llegue inmaculada a esa estantería a pesar de haber recorrido miles de kilómetros desde algún país periférico.

El consumo responsable implica consumir alimentos sanos, de cercanía y de variedades autóctonas. Alimentos adquiridos en los mercados locales y en las tiendas de nuestros barrios y producidos por campesinos y campesinas que habitan el territorio y que cuidan de nuestro entorno. Además estos campesinos y campesinas mantienen el mundo rural vivo, custodiando las tradiciones culturales y los saberes populares.

Además, el consumo responsable conlleva no sólo comprar los productos de los agricultores y agricultoras de nuestros territorios, sino tambien apoyar sus reivindicaciones y sus luchas que tambien son las nuestras.

Hoy, dia de las luchas campesinas, queremos gritar con fuerza que Berta sigue viva y su vida sigue abriendo caminos, protegiendo luchas, tejiendo resistencias y construyendo memorias colectivas de pasados, presentes y futuros.

17 de abril, Día Internacional de las Luchas Campesinas

Campaña asturiana pola soberanía alimentaria

Luchas campesinas: 7 razones para hacerlas nuestras

El 17 de abril de 1996, 19 campesinos y campesinas fueron asesinadas por policías militares en Eldorado de Carajás, Brasil. En su memoria, la Vía Campesina declaró esa fecha como el día internacional de las luchas campesinas. Dos décadas después, los movimientos campesinos siguen trabajando por la soberanía alimentaria, la tierra y la solidaridad de los pueblos; por “un sistema donde la Vida sea lo principal”.

1. El campesinado, hombres y mujeres, tienen derecho a una vida digna y sin discriminación, a la soberanía alimentaria y a participar en el diseño y decisión de políticas públicas. A la tierra y el territorio, a la integridad física: a no ser asediados, desalojados, perseguidos, arrestados arbitrariamente o asesinados por defender su causa. Sólo exigen que esto se cumpla. Los derechos humanos no son opcionales.

2. La lucha por el acceso a tierra y semillas está vinculada con nuestro derecho a tener alimentos suficientes, para siempre. Sin campos para sembrar ni semillas para cosechar, millones de campesinos y campesinas pierden su trabajo y sus ingresos y millones de personas vemos amenazada nuestra alimentación. Todo está interconectado.

3. Agua, bosques y semillas son patrimonio de los pueblos. Si su privatización y uso desmedido afecta a todo el mundo, garantizar su protección no es sólo responsabilidad del campesinado, también es nuestra. Somos parte de una cadena de solidaridad y lucha que empieza en selvas, lagunas y parcelas y se extiende por plazas, mercados, centros educativos y redes sociales. La lucha no es delegable.

4. El campo no es sinónimo de pobreza y falta de oportunidades. En las zonas rurales hay minerales, gas, petróleo, agua y grandes extensiones de tierra fértil. La presión de las empresas para explotar -a cualquier precio- esa riqueza, acaba expulsando a indígenas y campesinos hacia las ciudades, hacia la miseria (¿y hacia la extinción?). El campo no debe estar al servicio de unos pocos intereses.

5. El sistema alimentario -el conjunto de actividades que lleva la comida del campo a la mesa- está controlado por unas pocas empresas. “Sólo así habrá alimentos para todo el mundo”, nos dicen. Es mentira. Con políticas que potencien la pequeña producción y regulen el poder de las corporaciones, el campesinado podría producir más y mejor. Optando a la agroecología, sin venenos.

6. Millones de personas venimos del mundo rural. Somos hijas y nietos de quienes se vieron forzados a dejarlo. Por el abandono del Estado, por guerras y dictaduras, por inundaciones y sequías, porque les quitaron la tierra y con ella su vida. Es hora de honrar su historia y su resistencia. Somos orgullosamente agrodescendientes.

7. Luchar con los demás , con las organizaciones de la Vía Campesina, es una de las formas más poderosas de expresar responsabilidad y afecto. Nos emociona, nos transforma y nos recuerda que cuando usamos nuestro poder pueden suceder las transformaciones a que aspiramos.

Soberanía Alimentaria. Contra el acaparamiento de tierras. Rechazo a los TLCs. Las campesinas y campesinos alimentan al mundo, y lo cuidan, frente a las corporaciones empresariales depredadoras de la Madre Tierra.

domingo 17 de abril: paseo de los álamos. Oviedo. de 11,30 a 15 hrs.