Documentación

 OCTUBRE ROJO

DOCUMENTAL SOBRE LA REPRESION EN LAS MASACRES DE SEPTIEMBRE Y OCTUBRE DE 2003
EdPAC

En septiembre del año 2003 la protesta social por la pretensión del gobierno boliviano de Gonzalo Sánchez de Lozada (alias el Goni) de exportar el gas natural –como siempre en total desventaja para el pueblo boliviano y en beneficio de transnacionales- era general. Había marchas y protestas en todo el país. El gobierno nunca negocio con el movimiento social y bajo el discurso de velar por la seguridad jurídica de las grandes empresas ejecutó violentas acciones de represión con uso de armamento letal y participación de las Fuerzas Armadas. En diversos operativos fueron asesinadas más de 60 personas y 400 resultaron heridas la mayoría pobladores de El Alto, una ciudad esencialmente indígena, y donde vive la población más precarizada del país.

El movimiento social demandaba la nacionalización del gas y del petróleo, entre otras reivindicaciones. El Goni, era precisamente el que se encargó de la privatización de la mayoría de los recursos estratégicos bolivianos, en un anterior mandato, a mediados de los años 90.

El 17 de octubre de 2003 renunció como presidente y huyo a los Estados Unidos desde donde evade a la justicia. El 22 de octubre de 2003, a los pocos días de su renuncia se presentaron varias denuncias por los delitos que se cometieron durante su orden de reprimir al pueblo boliviano.

Desde entonces, una red del movimiento social, y de abogados voluntarios, pugna por su extradición y por que sea juzgado en Bolivia. El 18 de mayo de 2009 comenzaron al fin las audiencias, que tocarán cuando menos a una parte de los ministros del gobierno de Sánchez de Losada, que se encuentran en Bolivia actualmente.


 Medios alternativos y crisis de credibilidad

Santiago Alba Rico
La Jiribilla

Empezaré con una obviedad: lo peligroso de la así llamada "información" —lo que hace necesario un contrapunto alternativo— no es que la información sea mendaz o manipuladora ni que esté al servicio de intereses espurios sino el hecho de que, mendaz y manipuladora y al servicio de intereses espurios, sea “creíble”. La pregunta que hay que hacerse es, por tanto, la siguiente: ¿cómo se construye un marco de credibilidad en general? ¿Cómo se construye un marco de credibilidad bajo el capitalismo?

Al menos por cinco vías:

1. Digamos que de la misma manera que los medios de destrucción se justifican a sí mismos, a condición de que sean lo bastante destructivos, los medios de comunicación son tanto más creíbles cuanto mayor es el número de personas a las que potencialmente pueden engañar. Matar con un puñal es inaceptable, horrendo, delictivo; matar con misiles, con bombas de racimo, con una bomba atómica, es más o menos polémico o discutible y, finalmente, justificable y legítimo. Igualmente, el grito a viva voz en un espacio público tiene siempre algo teatral o molesto; pero si uno coge un altavoz empieza a volverse más o menos serio; si uno tiene un periódico comienza a hacerse oír; y si uno tiene diez periódicos y cuatro televisiones entonces se pone fuera de toda sospecha. El medio público, en la medida en que es público y tanto más cuanto más público sea, está investido ya de una autoridad fiduciaria artefacta que se impone al margen del discurso y que es difícil de cuestionar. La declaración de un enamorado en la intimidad de una habitación puede sonar falsa; una declaración pública de Bush tiene siempre algo sincero, claro, convincente, y habrá que pensarla después ― en un acto ya secundario, un poco forzado y artificial ― para desmentirla. Pero esto quiere decir naturalmente que, bajo el capitalismo, el acceso a los marcos de credibilidad artefactos está sujeto a severas restricciones económicas que determinan que en nuestro mundo solo puedan ser creídos los mentirosos, los malvados, los ricos, los poderosos o, lo que es lo mismo, los dueños de los medios de destrucción.

2. Como consecuencia inmediata del punto anterior, podemos decir que a mayor libertad de información mayor credibilidad. Decía el poeta Mattew Arnold que "si los periódicos que uno lee puede decir lo que quieran, uno tiende a creer que está bien informado". Pero es necesario explicar enseguida esta frase. Conviene distinguir de entrada entre libertad de expresión y libertad de información. La libertad de expresión pertenece al ámbito privado y puede ser más o menos desbocada, pero nunca objeto de planificación institucional. Todos somos más o menos libres de decir lo que queramos, a condición de que lo escuche poca gente (nuestra familia, nuestros compañeros de parranda, nuestros novios, los miembros de nuestro club). Como el ámbito privado está interferido por toda clase de relaciones de poder, ocurre que, bajo una dictadura, uno tiene miedo de alzar la voz en un café; y bajo un patriarcado una tiene miedo de llevar la contraria a su marido; y bajo una cultura racista uno finge estar de acuerdo con los blancos. En todo caso, el mecanismo que limita la libertad de expresión es siempre la "autocensura", que en unos casos es buena y en otros no: entre un superego razonable (condición del reconocimiento social) y un silencio aterrorizado cabe una modulación casi infinita en la intimidad de relaciones sociales muy variadas y desigualmente negativas. En este sentido, la revolución de internet consiste en que ha ensanchado sideralmente el campo de la libertad de expresión al tiempo que ha erosionado, para bien y para mal, los confines entre libertad de expresión y libertad de información. En la misma dirección, cabe también añadir que esta frontera viene siendo sistemáticamente borrada desde hace años por una cultura mercantil, impuesta desde los medios de comunicación, en virtud de la cual el campo de la expresión invade, y suplanta, el campo de la información: y acabamos leyendo en un periódico o escuchando en televisión palabras que solo deberían pronunciarse en un café, en un club, en un dormitorio, cuando no exclusivamente en el recinto cerrado de la propia cabeza. Al contrario que la libertad de expresión, la libertad de información pertenece al espacio público, al que solo se puede acceder a través de ciertos medios de producción y ciertas mediaciones tecnológicas. Por eso, de la misma manera que la libertad de expresión es en realidad libertad de autocensura, la libertad de información es en realidad libertad de censura. Creo que, expuestas de esta manera, se entienden mejor las cosas. Ciertos órganos, ciertas instituciones, ciertos colectivos, reciben del estado el derecho soberano a censurar públicamente un número casi ilimitado de voces. La teoría liberal pretende que la multiplicación de los órganos de censura es precisamente la que garantiza la comparecencia de una pluralidad completa. Eso será bajo el socialismo. Porque bajo el capitalismo, el estado delega el derecho de censura, no en manos de ciudadanos libres o, en el extremo, de partidos y colectivos civiles, sino de grandes multinacionales que son las que, directa o indirectamente, redactan los periódicos y programan las cadenas de televisión. Los mismos que deciden quién come y qué comemos, quién puede beber y qué bebemos, quiénes van a matarse y con qué armas, quién puede ir al colegio y qué estudiamos, quién puede tener una casa y dónde vivimos, quién puede llevar zapatos y cómo nos vestimos, son los que deciden quién puede hablar y qué escuchamos. La paradoja de Arnold dice en realidad lo siguiente: mientras las fuerzas que destruyen el planeta puedan expresarse libremente, nosotros seguiremos sintiéndonos libres, protegidos y satisfechos.

3. Una tercera fuente de credibilidad tiene que ver con el formato. Las portadas de los periódicos del siglo XIX estaban divididas verticalmente en dos secciones: arriba se enunciaban los titulares de las noticias; abajo se incluía un capítulo de esas novelas por entrega que hicieron famosos en Francia a Eugene Sue y Balzac y en Inglaterra a Dickens. El resultado es que, a fuerza de compartir el espacio, la frontera entre la información y el relato se borraba o amortiguaba y las noticias acababan por adoptar casi sin querer un registro narrativo. Hoy no es la narración lo que domina la información sino la publicidad. No solo porque los periódicos y las televisiones son en realidad tablones de anuncios donde las grandes empresas cuelgan sus reclamos comerciales sino porque la mayor parte de la información es publicidad encubierta o funciona de esa manera. El marco de credibilidad por excelencia en nuestras sociedades de consumo generalizado es precisamente el reclamo publicitario, que concentra por lo demás, como he dicho otras veces, toda la fuerza creativa, vanguardista, estéticamente rupturista que en épocas mejores se asociaba a las vanguardias revolucionarias. Hoy la información no imita al folletín novelístico sino a un anuncio de la casa Nike o a una cuña publicitaria de Coca-Cola o Sony. De tal manera este formato (que he llamado otras veces "gag visual") es hasta tal punto creíble y publicitario al mismo tiempo que, por ejemplo, el tratamiento periodístico de la ocupación de Iraq (con todas esas explosiones magníficas, incendios fabulosos y grandes carros blindados avanzando por las calles de Bagdad) ha servido básicamente, sirve básicamente, para que nos entre hambre y sed; es decir, para beber más Coca-Cola y comer más hamburguesas. Las imágenes de los invasores estadounidenses en sus automóviles inexpugnables ha aumentado la venta de Humvees y carros 4-4 en Europa y EE.UU. Cuanto más se parece una noticia a un anuncio publicitario, cuantas más provoca las ganas de ir al supermercado, más creíble resulta.

4. Por todo ello, y en cuarto lugar, las únicas fuentes periodísticas que uno acepta como autorizadas son aquellas que promueven o respaldan la reproducción de estos mecanismos de credibilidad general. Es decir, las fuentes de los medios de comunicación oficiales suelen ser tautológicas, en el sentido en que lo es la fe religiosa de un creyente: Dios existe porque lo dice La Biblia, que es la palabra de Dios, que está recogida en La Biblia. La realidad existe porque lo dice El País, que es la fuente original de la noticia, que está recogida en El País. La acumulación de espacio público, la libertad plena de censura y el formato publicitario concurren a convertir al medio en su propia fuente de legitimidad y credibilidad, lo que permite que los lectores acepten con toda naturalidad, por ejemplo, la defensa que el grupo PRISA hace de sus intereses en América Latina como la realidad misma de lo que ocurre en Venezuela, Bolivia, Cuba o Ecuador. Este carácter tautológico de la credibilidad determina asimismo que aceptemos como "fuentes autorizadas" a los verdugos —EE.UU. o Israel— cuando se trata de informar acerca de lo que pasa en Iraq, Afganistán y Palestina.

5. El escritor argentino Adolfo Colombres me decía hace poco una frase que merece reflexión: "el poder no grita". Es verdad. El poder se autolegitima y no tiene que elevar la voz; la justicia no y por eso la justicia tiene que gritar. Pero al gritar declara su impotencia y se vuelve increíble y hasta grosera, inculta, antiestética. Cuanto más baja la voz el poder, más creíble parece y más obliga a gritar a la justicia, que de esta manera —chillona y pataleante— se vuelve menos creíble. Los "manuales de estilo" de El País o de The New York Times recogen los procedimientos de modulación de la voz de un poder que no se siente amenazado. Cuando el poder no se siente amenazado, no necesita gritar y puede extender la libertad de información casi ilimitadamente, de manera que su credibilidad y su legitimidad no dejan de aumentar. Los grandes medios de comunicación rompen los cristales y hacen añicos las defensas mentales sin alzar nunca demasiado la voz.

Mediante estos mecanismos de construcción, exteriores a los discursos, los marcos de credibilidad se acreditan a sí mismos al mismo tiempo que desacreditan toda potencial alternativa. La mentira organizada toma la apariencia de verdad y en el mismo gesto vuelve increíble la verdad. Es lo que he llamado en otra ocasión la maldición de Casandra, el personaje mitológico que anunciaba siempre la verdad pero al que nadie creía porque Apolo, resentido y despechado, le había escupido en la boca. El marco de credibilidad dominante desacredita y vuelve increíbles los medios llamados alternativos. Por eso hay que pensar bien cuáles son nuestras fuerzas y qué podemos hacer con ellas.

Debemos preguntarnos: ¿Cómo se destruye un marco de credibilidad? ¿Cómo se construye uno nuevo en el que la verdad, además de verdadera, sea creíble?

La situación es hoy quizá menos desesperada que hace algunos años. Como los marcos de credibilidad no se construyen desde el discurso sino desde el exterior, es necesario amenazar materialmente esas fuentes de legitimidad, que son al mismo tiempo económicas, políticas y culturales. En algún sentido eso ya está ocurriendo. Los procesos emancipatorios en América Latina, los excesos imperialistas en el mundo musulmán y las resistencias que han generado, la crisis económica y el temor a formas articuladas de contestación política, han minado el marco de credibilidad dominante. Los grandes medios violan sus manuales de estilo cada vez más a menudo. Oímos gritar a El País; escuchamos chillar a The New York Times. La libertad de información debe ser restringida o filtrada con más rigor, o incluso criminalizada y perseguida, y no solo en la periferia capitalista, donde periodistas y sindicalistas siempre han sufrido las consecuencias sangrientas de que sus discursos, al contrario de lo que ocurre en las metrópolis, “tengan efectos reales”. Todo esto son señales de que los andamios exteriores de la credibilidad capitalista no son tan firmes como hace algunos años. En virtud de la ley de dependencia binaria arriba enunciada, a mayor legitimidad de los marcos dominantes de manipulación organizada mayor descrédito de los medios alternativos de la justicia gritona y, en consecuencia, a mayor descrédito del marco dominante, ya bastante chillón, mayor credibilidad de la contrainformación emancipatoria. Los medios alternativos deben aprovechar este momento, comprendiendo en todo caso que la construcción de un nuevo modelo de credibilidad solo puede ser simultánea al derribo desde el exterior del marco dominante; y que si los medios capitalistas no se han construido mediante discursos y desde los discursos, los medios socialistas solo serán verdaderamente creíbles y verdaderamente libres cuando haya verdadera y materialmente socialismo.

Palabras para el Panel sobre contrainformación realizado durante la XVIII Feria Internacional del Libro, La Habana 2009.

http://www.lajiribilla.cu/2009/n409_03/409_06.html

www.rebelion.org


 Comunicación, organización y género

comun-g-w.pdf
Comunicación, organización y género
Ellas tienen la palabra
Área Mujeres ALAI
Materiales para la formación 1

Ellas tienen la palabra
Área Mujeres ALAI

Materiales para la formación 1

Presentación

En agosto de 2000, salió a la luz pública el portal www.movimientos.org, (originalmente bajo el nombre de Comunidad Web de Movimientos Sociales), como iniciativa de tres coordinaciones sociales latinoamericanas, con los objetivos de capitalizar las potencialidades de Internet desde una plataforma común orientada a contrarrestar el aislamiento y la dispersión de sitios y, al mismo tiempo, juntar una masa crítica de información sobre sus acciones y propuestas.

Posteriormente, se integraron otras redes y coordinaciones –hoy suman una docena– y se acuñó el nombre de Minga/Mutirão Informativa de Movimientos Sociales, pues, tanto la palabra kichwa “minga”, como “mutirão” en portugués, expresan la idea de un trabajo colectivo comunitario. En efecto, ya no se trataba solamente de estar juntos en un portal en Internet, sino de trabajar colectivamente para desarrollar estrategias y acciones de comunicación, como una expresión de las agendas comunes que los movimientos socia- les del continente han concertado en el transcurso de este siglo.

Este proceso también ha permitido aprendizajes mutuos, intercambios de experiencias y conocimientos y la motivación a través del ejemplo; elementos que han contribuido a enriquecer y reforzar la práctica comunicativa de las organizaciones participantes. Y es así como fue develándose la inquietud respecto a la estructuración de procesos de formación más sostenidos.

Durante 2007-2008, se activaron aulas de formación en una plataforma virtual. Esta primera experiencia de intercambio a distancia permitió poner en común las inquietudes y necesidades de formación de las organizaciones e iniciar, de manera conjunta, una búsqueda de respuestas.

A mediados de 2008, se inició un programa de capacitación en comunicación y género, con talleres presenciales subregionales. El programa estuvo dirigido, en primera instancia, a mujeres (líderes y comunicadoras) ya que, en el espacio de la Minga Informativa, se identificó la importancia de fortalecer el trabajo comunicativo de las mujeres: actoras centrales en las luchas y propuestas de cambio de los movimientos, cuya presencia no logra siempre el protagonismo que merece en las expresiones comunicativas.

Esta publicación recoge la sistematización de ideas y materiales procesados y de los intercambios realizados en el marco de dicho programa. Constituye, además, un conjunto de herramientas: textos de reflexión, pautas para el trabajo, “tips” y sugerencias para di- námicas de grupo, que pueden adaptarse según las necesidades de cada organización. Es concebida como un aporte para la formación de líderes y para los procesos de definición de políticas y estrategias en las organizaciones (sean de mujeres o mixtas), partiendo desde la visualización de las múltiples facetas de la comunicación. El énfasis en la comunicación con enfoque de género, lejos de significar un abordaje parcial de la comunicación, invita más bien a incorporar dicho enfoque como un eje transversal del quehacer comunicacional de las organizaciones sociales, en el marco de las estrategias de superación de los desequilibrios de poder entre mujeres y hombres.

Si bien está dirigida en primer lugar para la formación de dirigentas y mujeres líderes, también se destina a dirigentes y líderes varones, comunicadoras y comunicadores, cuadros, promotoras/es y otros actoras y actores de las organizaciones.


 Mujeres y Medios.

Liliana Daunes

Intervención en la sesión simbolica en homenaje al Dia de la Mujer organizada en la legislatura porteña

Como trabajadora de la comunicación y como feminista, quiero expresar que es imposible en este tiempo transformar el lugar de las mujeres y de los sectores más vulnerables de la sociedad, mientras los grandes medios de comunicación, privados y públicos, sigan siendo fuentes fundamentales de la reproducción de una cultura patriarcal. Sigan siendo voceros del gran capital, y formadores de un imaginario consumista, en el que todo se vuelve mercancía, desde el agua hasta la basura, desde la educación hasta el cuerpo y las vidas de las mujeres.

Medios de comunicación que construyen y defienden valores funcionales al poder, negando o banalizando derechos fundamentales como el derecho al trabajo, a la educación, a la salud, a la vivienda. Medios en los que se criminaliza a las trabajadoras o a los trabajadores en huelga, a las desocupadas o a los desocupados que demandan su lugar en la sociedad, a las maestras o a los maestros que defienden la educación pública, y hasta pueden reproducir impunemente la propaganda electoral de quien dio la orden de represión que terminó con la vida de Carlos Fuentealba. Medios de comunicación en los que Julio López vuelve a desaparecer. Medios que minimizan la violencia machista e invisibilizan los feticidios. Medios de comunicación en los que las mujeres que exigimos educación sexual, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir, somos estigmatizadas por el coro patriarcal de la Santa Inquisición.

La democracia en la comunicación es mucho más difícil aún, cuando se recorta o condiciona el lugar para la pluralidad de voces que intenta
expresar la comunicación alternativa. Cuando se cierran espacios públicos como el canal de la ciudad, con el consiguiente despido de trabajadores y trabajadoras de la comunicación, y se siguen desvalorizando los espacios con perspectiva de género en la radio pública. Se trata de políticas que precarizan aún más el empleo, como parte de las políticas flexibilizadoras con que el gobierno de la ciudad y sus legisladores y legisladoras vienen castigando a las trabajadoras y trabajadores, para dibujar los éxitos de su presupuesto.

Son políticas que al mismo tiempo, recortan o niegan la posibilidad de promover las voces que visibilizan las demandas, las historias, el lenguaje y las prácticas de mujeres que han venido bregando históricamente por su emancipación, como parte de la emancipación general de la humanidad. Y es preciso aclarar: no me estoy refiriendo solamente a la inclusión de más mujeres en los medios.

El ser mujer no asegura una posición de lucha contra las opresiones. Lo que estoy planteando es el derecho a la pluralidad ideológica, en medios de comunicación que hegemónicamente reproducen la cultura androcéntrica. Es la posibilidad de que se exprese una mirada del mundo, no la propia, no la de una u otra periodista, sino la de una corriente histórica y la de un movimiento, que se va creando a sí mismo desde la identificación de la opresión de las mujeres que realiza el patriarcado, y desde las batallas por nuestra emancipación. Es la palabra de un feminismo que no pretende lograr un cupo para integrarse en la dominación, sino que aspira a deconstruir todas las dominaciones de una cultura opresora en la que se refuerzan mutuamente, el capitalismo, el patriarcado, el racismo, la violencia.

Es sabido que si unos pocos controlan la información, no es posible la democracia. En Argentina aún nos rige una Ley de Radiodifusión de la
dictadura. Es algo vergonzoso. Es la ley hecha a medida de los Videla, de los Massera, de los Martínez de Hoz.

Es indispensable una nueva ley que garantice el pluralismo informativo y cultural. Si bien se trata de una ley nacional, demandamos que también en la Ciudad se vaya haciendo camino en esta dirección. Necesitamos que los medios públicos sean fuertes, y estén al servicio de todas y todos y no de los gobiernos de turno o de los sectores del poder.

El derecho a la comunicación es un derecho humano y no un negocio. La mercantilización de la cultura, agrava y profundiza la realización de una programación de los medios de comunicación que desbordan de lenguaje sexista, de humor misógino, de estereotipos machistas, de vulgaridad en el tratamiento de problemas constituyentes de la identidad de las personas como por ejemplo la sexualidad, de naturalización de los roles subalternos de las mujeres, de bastardeo a la libre opción sexual de lesbianas, gays y travestis.

Es imprescindible que se cumplan con los avances que ya fueron logrados por el movimiento de mujeres, y que en este momento están amenazados por la política proteña.

Quiero recordar que la Constitución de la Ciudad, establece en los artículos 36, 37 y 38 que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debe garantizar la igualdad real de oportunidades y de trato entre varones y mujeres en el acceso y goce de todos los derechos y la incorporación de la perspectiva de género en el diseño y ejecución de las políticas públicas. Por lo tanto, se dispone que el Gobierno porteño debe respetar la perspectiva de género en todas sus políticas públicas, incluyendo las comunicacionales. Esto se afirma también en la ley 474, que crea el Plan de Igualdad de Oportunidades y de Trato entre varones y mujeres. No queremos que estas leyes sean letra muerta.

Los medios de comunicación suelen ser en su gran mayoría los fieles voceros de un orden que mata, reprime, discrimina y excluye. Los problemas sociales, las demandas de las mujeres, no pueden tener como respuesta la represión.

Las personas que vivimos y transitamos en la ciudad de buenos Aires somos ciudadanas y ciudadanos. Somos sujetos y sujetas de derecho y no objetos de represión.

www.dariovive.org


 IV CUMBRE CONTINENTAL DE LOS PUEBLOS Y NACIONALIDADES INDÍGENAS DEL ABYA YALA

Puno, Perú

MESA DE COMUNICACIÓN
Declaración

A las hermanas y hermanos indígenas de todo el Abya Yala
A los gobiernos y organismos internacionales
A toda la sociedad

Las y los comunicadores de los diversos pueblos y nacionalidades indígenas del Abya Yala, reunidos en Puno, Perú, a las orillas del Lago sagrado Titicaca, nos hemos encontrado para reflexionar sobre el ejercicio que hemos hecho de la comunicación y sobre cómo queremos seguir caminando para acompañar la lucha de nuestros pueblos y comunidades.

Para ello, consideramos:

Que como comunicadores indígenas somos parte del movimiento y lucha de los pueblos y nacionalidades originarias del Abya Yala porque somos parte de ellos.

Que es nuestro propósito caminar de la mano de las acciones y proyectos de nuestros pueblos ya que son el alimento de nuestro trabajo de comunicación.

Que los esfuerzos de comunicación indígena avanzan dispersos y resulta imprescindible reunirnos, conocernos, evaluar lo que hemos hecho y articularnos.

Que como comunicadores estamos buscando unirnos para romper los cercos informativos en todo el continente y enfrentarnos a la concentración y manipulación de la información por parte de los grandes monopolios de comunicación.

Que nuestra tarea como comunicadores es desafiante. Asumimos nuestro reto: el de visibilizar lo que son nuestros pueblos, su caminar, su lucha y la recuperación de nuestras lenguas.

Que el derecho a la comunicación e información es un derecho colectivo de los pueblos y nacionalidades indígenas expresado en diversos instrumentos internacionales como lo son el Convenio 169 de la OIT, la Declaración Universal de las Naciones Unides sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, la Declaración y Plan de Acción de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información.

Que el acceso a medios masivos y públicos, lo mismo que la adquisición, administración y apropiación de medios indígenas a nivel comunitario, regional, nacional e internacional es un derecho que nos corresponde y, como parte de nuestro ejercicio de autodeterminación colectiva, debemos ejercerlo. Son los pueblos y nacionalidades originarias quienes deben hacer uso de los medios. La información y contenidos deben decidirse desde los pueblos, desde nuestra identidad.

Creemos firmemente que la demanda por radios y televisoras, acceso a nuevas tecnologías, acceso a espacios en medios masivos, a sistemas de telecomunicaciones, no es una demanda exclusiva de las y los comunicadores, sino que debe venir desde los pueblos y nacionalidades.

Por ello pedimos a nuestras comunidades, organizaciones, pueblos y nacionalidades incluyan y hagan parte de sus demandas y pronunciamientos el derecho colectivo a la comunicación e información, a la apropiación, adquisición y administración de medios propios.

Consideramos estratégico que como comunidades, pueblos, nacionalidades y sus diversas organizaciones se incluya en los planes de acción a corto, mediano y largo plazo el área de la comunicación con todas sus temáticas: radio, televisión, nuevas TICs, conversión digital, prensa escrita, páginas web, telecentros, medios audiovisuales.

A partir de lo anterior, RESOLVEMOS:

Realizar el Encuentro Continental de Comunicación Indígena a la cual desde ahora nos auto convocamos para encontrarnos en el Cauca (Colombia), en fechas próximas, y definir con mayor precisión nuestras propuestas y estrategias de articulación internacional. Se realizara una reunión preparatoria en Quito (Ecuador) en el marco del X Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas.

Para ello acordamos conformar un Grupo de Trabajo impulsor de esta Primera Cumbre de Comunicación integrado por Ecuador: Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE), Colombia: Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y la Asociación de Medios de Comunicación Indígena (AMCIC), México: Consejo Nacional de Comunicación Indígena, Bolivia: Confederación Sindical Unica de Trabajadores del Campo (CSUTCB), Confederación de Indígenas del Oriente (CIDOB), Confederación Nacional de Mujeres Campesinas-Indígenas “Bartolina Sisa” (CNMCIOB“B.S”), CONAMAQ, Confederación Nacional de Radios de Pueblos Originarios (CNRPO’s), Venezuela: Confederación Nacional de Indígenas, Perú: La Confederación Nacional de Comunidades Afectadas por la Minería (CONACAMI), que realizará reuniones preparatorias.

Desde ahora convocamos para que a esta cumbre de comunicación asistan no sólo comunicadores sino también dirigentes, autoridades tradicionales, representantes de gobiernos originarios, y encargados de comunicación en las organizaciones indígenas, locales, regionales y continentales.

Esta cumbre de comunicación indígena ya está caminando y por ello decidimos, como parte de los esfuerzos que desde ahora se dirigirán hacia su realización, ir avanzando poco a poco en la articulación de nuestros esfuerzos locales y regionales a través de las siguientes acciones:

a) La realización de intercambios y pasantías entre las diferentes experiencias de comunicación del continente.

b) La colocación de radios comunitarias en todo el Abya Yala, apoyándonos en la experiencia que ya tenemos desde las radios indígenas existentes.

c) Llevar, impulsar y fortalecer los proyectos de comunicación comunitaria en las comunidades aisladas.

d) Buscar alianzas y convenios con universidades para la capacitación.

e) Hacer campañas de información que trabajen temas importantes para los pueblos de manera simultánea.

f) Avanzar en la conformación de un noticiero indígena continental que se retransmita en todas las radios.

g) Ir realizando un diagnóstico continental para ver en qué etapa van nuestros diferentes procesos de comunicación.

h) Conjuntar esfuerzos para la capacitación técnica y para la formación que debemos tener para saber informar a nuestros pueblos.

i) Avanzar en la construcción de una Red Continental de Comunicación Indígena que vaya de la mano de nuestras organizaciones y comunidades indígenas, lo mismo que acompañando el proceso continental del movimiento indígena.

También proponemos inicialmente que los temas y contenidos por abordar en esta cumbre sean los siguientes:

a) Estrategias políticas para la demanda, ejercicio y promoción del derecho a la comunicación e información de los pueblos indígenas.

b) Estrategias económicas para el sostenimiento de los medios de comunicación comunitarios-indígenas-originarios.

c) Instrumentos internacionales que existen en torno al derecho a la comunicación e información de los pueblos indígenas y el fortalecimiento de su utilización conjunta.

d) Acceso a nuevas tecnologías de comunicación e información y la conversión digital.

e) Legislación en Radio, Televisión y Telecomunicaciones en el Abya Yala: revisión, comparación y articulación para respaldar las reformas necesarias.

f) Políticas de Comunicación: incidencia y construcción para resolver las necesidades de comunicación de nuestros pueblos y comunidades.

Invitamos desde ahora a todas las organizaciones, comunidades, medios de comunicación indígenas-originarios realicen reuniones previas regionales y nacionales para llegar a la Cumbre Continental de Comunicación Indígena con propuestas elaboradas.

Debemos ver hacia adentro para poder ver hacia afuera. Por ello también llamamos a fortalecer nuestros procesos de comunicación a nivel interno de nuestros pueblos, comunidades y organizaciones a través de la conformación de redes internas de colaboración y la inclusión de la comunicación como parte de los Planes de Acción, Planes de Vida o de lucha de nuestros pueblos, comunidades y organizaciones.

Todo esto proponemos y resolvemos porque vemos que el entorno en el que se ejerce el derecho de la comunicación e información está siendo violentado, ignorado, no reconocido y escasamente reglamentado por los gobiernos y marcos jurídicos nacionales.

DENUNCIAMOS que periodistas y medios indígenas están siendo atacados, amenazados, desaparecidos e incluso, asesinados por el trabajo de comunicación que realizan.

CONDENAMOS la represión, amenazas, hostigamiento, desmantelamientos, desaparición forzada, agresiones y violencia institucional presupuestal y orgánica hacia nuestros medios de comunicación y hacia las y los comunicadores indígenas de todo el Abya Yala.

EXIGIMOS un alto a estas agresiones y violencia por parte de gobiernos y grupos paramilitares hacia los medios de comunicación indígena.

DEMANDAMOS que se generen las políticas, programas y presupuestos necesarios para que el ejercicio del derecho a la comunicación e información de los pueblos indígenas sea viable. Los gobiernos están obligados a permitir la instalación, apertura, equipamiento y sostenimiento de radios indígenas y medios de comunicación propios de los pueblos indígenas.

DEMANDAMOS a las Organización de las Naciones Unidas entre ellos al Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas, el Mecanismo de Expertos Indígenas del Consejo de Derechos Humanos, al Relator Especial para los Pueblos Indígenas, a los relatores de Protección a los Periodistas y del Derecho a la Información, exijan a los Estados garantizar el derecho a la información y comunicación de los pueblos indígenas y la protección a los periodistas.

EXHORTAMOS a estos organismos para que en los informes de verificación de los derechos de los pueblos indígenas se incluya un capítulo específico sobre el respeto al derecho a la comunicación e información.

ASUMIMOS el compromiso de impulsar la Minga Global en Defensa de la Madre Tierra en octubre de 2009 y pedimos incluir en la plataforma de esta minga la exigencia del derecho a la comunicación e información de los pueblos indígenas.

La comunicación es la columna vertebral de la humanidad. Ésta ha sido ejercida desde que nuestros pueblos comenzaron a caminar en la Madre Tierra. Estamos llamados a recuperar la palabra propia, a descolonizarla, a retomar la tarea de caminar la palabra junta, unida en nuestra diversidad y comunicar desde la visión de nuestros pueblos construyendo medios de comunicación que expresen realmente lo que somos.

Dada en Puno, Perú, 31 de mayo de 2009


 Una comunicación desde mujeres en movimiento

Idania Trujillo / Minga Informativa de Movimientos Sociales

Al quebrar la tradición que afirmaba, desde sus mitos fundacionales, el papel secundario, doméstico de criaturas que lindaban la irracionalidad, las mujeres conjuraron una rebelión gestada, muchas veces, desde la clandestinidad o desde lugares invisibles. Pero su presencia en el espacio público local e internacional ha dejado de ser de excepción para irrumpir con fuerza en todos los ámbitos. También en los movimientos sociales, donde por fuerza de su persistencia y tenacidad y, poco a poco, han ido construyendo espacios para repensar el mundo y articular propuestas y acciones.

Uno de esos espacios es la Minga Informativa de Movimientos Sociales, una iniciativa de convergencia en comunicación entre movimientos sociales de América Latina y el Caribe que surgió en el marco de las convergencias en resistencia al modelo económico y social excluyente y que, desde el pasado año, comenzó un programa de capacitación en comunicación y género para mujeres comunicadoras y líderes de organizaciones sociales de América Latina.

Partiendo de la necesidad de afianzar estrategias de comunicación desde y con las mujeres, se organizaron varios talleres presenciales en 2008 cuya finalidad fue la de impulsar una mayor difusión de la participación y propuestas de las mujeres en las actividades de la agenda de los movimientos.

Con el propósito de evaluar el proceso de capacitación iniciado, mujeres comunicadoras representantes de varias organizaciones y redes, se reunieron en Quito, Ecuador, para discutir y proyectar el seguimiento de la Agenda en Comunicación y género, presentada el pasado octubre durante el Foro Social de las Américas, celebrado en Ciudad Guatemala y los modos de vincularlo a la iniciativa de medios populares en los procesos de integración del ALBA que está elaborándose en el marco de los Movimientos sociales y el ALBA. Dos ámbitos fundamentales resultaron temas de análisis: de un lado, una agenda común en información y, de otro, la formación. Ambos desde la visión y luchas de las mujeres.

En cuanto a la información, continúa siendo prioritaria la necesidad de afianzar estrategias de comunicación que permitan a las mujeres (comunicadoras y lideresas) entender la comunicación como proceso, a la vez que puedan impulsar una mayor difusión de su participación y propuestas, así como de potenciar creativamente medios y herramientas comunicativas hechos desde sus visiones. Es esencial, por tanto, asumir el derecho a la comunicación con y desde la perspectiva de género.

Las discusiones se concentraron en repensar colectivamente el proceso de formación en comunicación y género para movimientos sociales, partiendo de entender que el movimiento de mujeres es diverso y complejo en sus propuestas y niveles de actuación. De ahí la necesidad de continuar construyendo un discurso que, poco a poco, las vaya articulando y visibilizando.

En ese sentido, se coincidió en lo necesario que resulta fortalecer las capacidades y destrezas de las mujeres que hacen comunicación desde los movimientos, definiendo como prioridad formar formadoras/es, con un sentido multiplicador. Se trabajó colectivamente varios tópicos: se construyó de manera conjunta criterios, mecanismos y herramientas que faciliten a las mujeres realizar su trabajo cotidiano como comunicadoras sin perder de vista el sentido estratégico y político de la comunicación para las organizaciones que integran los movimientos sociales.

Asumir, cada vez más conscientemente, los procesos de información, comunicación y formación desde una visión política tratados a partir de herramientas de las ciencias sociales en general y de la comunicación en particular, sigue siendo un desafío sobre todo porque se trata de ir incorporando, también, el enfoque de género a las discusiones teóricas y a las prácticas concretas de cada organización y red.

Este es solo el comienzo de un esfuerzo hermosamente construido y que, como todo lo que comienza, es susceptible de ser modificado porque parte de la riqueza diversa y compleja de las experiencias que aportan las mujeres comunicadoras en movimiento.


 Comunicadores indígenas del continente se dieron cita en Santa Cruz, Bolivia

Azkintuwe

Convocados por la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de Pueblos Indígenas, una treintena de comunicadores indígenas de la región arribó hasta el oriente boliviano para debatir sobre los retos de la comunicación indígena e intercultural. Se trató de un espacio de reflexión y encuentro, marcado por el desafío de romper con los cercos informativos, avanzar en la articulación de una plataforma continental y reformular el sentido de la comunicación en tiempos de globalización económica y pensamiento único.

Comunicadores Arribaron a Santa Cruz desde diversos países de la región. Una treintena de comunicadores indígenas, representantes de importantes plataformas informativas del continente se dieron cita en el oriente boliviano entre el 29 de junio y el 2 de julio en el marco del “Taller Internacional Pueblos Indígenas y Auto Desarrollo: Retos y Desafíos de la Comunicación Intercultural”, organizado por la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI) y el Programa Indígena de la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID).

Delegados de agencias de noticias como SERVINDI (Perú) y Azkintuwe(Wallmapu, Chile-Argentina), equipos de comunicación de importantes organizaciones como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE; la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC; y la Confederación Indígena del Oriente Boliviano, CIDOB, se dieron cita para contribuir, desde el análisis de la realidad comunicacional y situación de los pueblos indígenas, a desarrollar y fortalecer estrategias de comunicación. Un rico intercambio de visiones y experiencias para avanzar hacia instancias comunes de formación y fortalecer alianzas entre sus pueblos y desde éstos hacia la sociedad en su conjunto.

Los participantes, ligados a procesos comunicacionales de los pueblos indígenas en sus respectivos países o regiones y con una determinada experiencia en el campo de la comunicación (Audiovisual, Radiofónica, Nuevas Tecnologías, Prensa Escrita, etc.) abordaron en intensas jornadas de trabajo temas relacionados pero de diversa índole: Comunicación y Pueblos Indígenas, comunicación para el auto-desarrollo, la comunicación como un derecho individual y colectivo. No quedó fuera del debate la necesidad incidir en la formulación y ampliación de políticas públicas para reforzar la comunicación indígena, ello hacia la plena vigencia del derecho a la comunicación e información en la región.

Destacó la participación de la cineasta mapuche Jeannette Paillan (actual Coordinadora General de CLACPI), además de dirigentes de organizaciones como Diego Marquina (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia - CSUTCB), Janeth Cuji (CONAIE, Ecuador) y Justa Cabrera (Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia -CNAMIB). Así mismo diferentes especialistas académicos como José Ros, Director de FORMASOL, organización dedicada al desarrollo comunicacional de los pueblos indígenas del oriente boliviano; el comunicador José Luís Aguirre, Director del SECRAD de la Universidad Católica Boliviana y el cineasta Iván Sanjinés, Director de CEFREC, entre otros.

En el ámbito de los comunicadores, el Taller contó con la colaboración de expertos internacionales como Genaro Bautista, comunicador indígena mexicano de amplia trayectoria internacional y uno de los fundadores en los años 90’ de la Agencia Internacional de Prensa Indígena (AIPIN); y el periodista mapuche Pedro Cayuqueo, director del Periódico y Agencia de Noticias “Azkintuwe” (El Mirador), ello en el cono sur del continente. De destacada trayectoria, ambos comunicadores se desempeñan como corresponsales de numerosos medios internacionales e integran el Consejo Editorial de la Agencia Internacional de Prensa Indígena (AIPIN), con sede en Ciudad de México.

Como parte del encuentro tuvo lugar además lugar una Muestra Especial que presentó en Santa Cruz lo mejor del IX Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas que se desarrolló en Bolivia en septiembre de 2008. De esta manera se presentaron obras documentales, ficciones y video experimental proveniente de varios países incluyendo la proyección de la película boliviana “El grito de la selva”, grabada en la amazonía boliviana y ganadora del Premio Ficción de este evento internacional organizado por CLACPI cada dos años, el más importante de su género a nivel mundial.

Disputa ideológica

Ante todo, la comunicación fue definida por los delegados como una herramienta de lucha ideológica. “La situación de marginación, exclusión y sometimiento que padecen nuestros pueblos en la región no es producto del azar de la historia. Obedece a procesos históricos de dominación, impulsados por determinadas elites y que en los tiempos actuales tienen en los grandes medios de comunicación a uno de sus principales aliados”, señalaron en un documento que recoge sus principales conclusiones. “Estos constituyen hoy la principal herramienta de adormecimiento de nuestros pueblos, ello en función de proyectos nacionales contrarios no solo a nuestras reivindicaciones, sino también a nuestra propia existencia”, indicaron.

En este marco, los comunicadores subrayaron que la comunicación indígena no puede ser concebida sino también como una “herramienta de lucha ideológica, al servicio de nuestros pueblos y de aquellos proyectos que abogan por una transformación social y cultural. Esta comprensión de la comunicación indígena nos obliga a nutrirnos de aquellos elementos culturales y filosóficos, políticos y sociales, enraizados en la profunda historia de nuestros pueblos... Ello también nos demanda a plantearnos necesarias alianzas entre comunicadores, los pueblos indígenas y la sociedad nacional en su conjunto”.

En este punto, se concibe a la comunicación intercultural no como una demanda exclusiva de los pueblos indígenas. “Debemos lograr permear a diversos actores sociales no indígenas, a objeto que luchar por sociedades más respetuosas y democráticas sea una tarea de todos”, señalaron. Destacan así el establecimiento de alianzas con diversos sectores sociales en cada uno de sus países, medios de comunicación alternativos o independientes, gremios periodísticos, facultades universitarias, en resumen, “con todos aquellos sectores y grupos que comparten con nuestros pueblos el desafío de una comunicación que sea sinónimo de construcción de comunidad, impulsora de una nueva relación entre los pueblos y las personas”.

Tareas concretas

Una de las principales características de los convocados en Santa Cruz fue el impulsar procesos de comunicación en sus respectivos países. De allí que junto a los necesarios diagnósticos acordaran diversas tareas a corto, mediano y largo plazo. Articular y sumar esfuerzos vía el fortalecimiento del trabajo en red asomó como una tarea urgente. Es así como acordaron “generar intercambios de información, conformar directorios de prensa, compartir agendas, bases de datos, metodologías, convocatorias y toda información útil a la labor comunicacional cotidiana”, ello apropiándose de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs).

Por otro lado, se acordó importante impulsar “una investigación – diagnóstico del Marco de Legislación y de las Políticas Públicas en relación a la Comunicación Indígena que se tiene en los diferentes países de la región”, tarea que recayó en el equipo técnico de CLACPI. En base a los resultados de dicho diagnóstico y al marco de reconocimiento de los derechos indígenas en cada Estado, se acordó avanzar a futuro en una propuesta de Ley Genérica que sirva de referencia para la construcción de propuestas de Legislación que garanticen el funcionamiento e impulso de la comunicación indígena e intercultural a nivel regional.

Se consideró de igual forma importante impulsar encuentros, talleres y/o espacios de capacitación y reflexión internacionales y nacionales sobre temáticas referidas al impulso y consolidación de la comunicación Indígena, ello con especial énfasis en temas de “Legislación y Políticas Públicas”, a fin de recoger experiencias y planteamientos concretos. En este punto se acordó además avanzar hacia la conformación de una Escuela de Comunicación Indígena, de carácter itinerante, como mecanismo de articulación y aprovechamiento de las diferentes experiencias de comunicación que se llevan adelante en diversos pueblos indígenas del continente.

Finalmente y respaldando los acuerdos de la Mesa de Comunicación de la IV Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala, realizada en Puno, Perú, los comunicadores manifestaron su compromiso con el futuro Encuentro Continental de Comunicación Indígena, a realizarse el año 2011en la región del Cauca, Colombia. Una reunión preparatoria de esta cita continental tendría lugar el próximo año en Quito, Ecuador, ello en el marco de la realización del X Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas, organizado por CLACPI y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE.

www.azkintuwe.org

link: http://www.azkintuwe.org/julio211.htm


 Democratizar las comunicaciones sí, pero...

¿sabemos cómo y para qué?

Aram Aharonian

ALAI AMLATINA, 25/08/2009.- Se ha puesto de moda hablar de la necesidad de desalambrar los latifundios mediáticos (Viglietti/Aram dixit), de la “necesaria democratización” de la comunicación y de la información y del llamado “terrorismo mediático” (Chomsky dixit). Y muchas veces, todo eso no pasa de consignas o, peor, de lamentos.

Y mientras desde por aquí declamamos, desde el Norte siguen usando a los medios de comunicación masiva –trasnacionales y sus “repetidoras” nacionales- como arietes de la globalización neoliberal a través del impacto combinado de la información, la publicidad y el entretenimiento, como poderosas armas que imponen su estilo de vida y sus intereses, aumentando el individualismo, el consumismo, la pérdida de identidad, y la dependencia cultural, social, económica, política.

Estas consignas y lamentos también incluyen declamaciones instando a cambiar la legislación. Claro, desde arriba, sin debate ni participación
y sin siquiera identificar cuál es la problemática y cual es la estrategia a implementar.

Es necesario identificar con claridad cuáles son las razones por las cuales es necesaria una nueva legislación, y establecer con precisión
los objetivos que se buscan con dicha normativa legal.

Qué es lo que se quiere.

Todos parecen estar de acuerdo en la necesidad de “democratizar” los medios, pero cada uno tiene su propia idea de para qué debemos hacerlo.
Hay demasiadas fisuras en este reclamo colectivo.

Cuando se habla de la necesidad de democratizar los medios, las frecuencias y las comunicaciones, hay que saber para qué se quiere tomar esas medidas, qué significa realmente esa “democratización”. En definitiva, si las nuevas medidas respetan el derecho a informar y estar informados, si fomentan la formación de ciudadanía, si impiden monopolios y oligopolios, si garantizan la recuperación de le memoria y la cultura propias.

La peor de las situaciones que podría ocurrir consistiría en que se pagase el costo político de una normativa que fuese denunciada como autoritaria y restrictiva de la libertad de expresión sin que en realidad se produzca con una nueva normativa legal ningún avance significativo desde el punto de vista de los objetivos que deberían orientarla. Ejemplo sobran en nuestra región.
Y cuando hablamos de “democratizar” no debemos olvidar que la Ley venezolana de Telecomunicaciones es considerada como las más neoliberal de América Latina. Es imprescindible comenzar por una revisión de esta ley madre, para seguir con la Ley de Responsabilidad Social de Radio y TV (alias Resorte), con los reglamentos que impiden la difusión libre y en igualdad de condiciones de las radios y televisoras comunitarias...

Lo que hace falta es una Constituyente Comunicacional, donde participe el pueblo todo y no quede la normativa en el libre albedrío de unos funcionarios. Para no seguir recitando “socialismo”, hay que garantizar que las decisiones sean colectivas. No hay nada que se construya desde arriba: sólo un pozo.

Una nueva normativa debiera facilitar la democratización del acceso plural a la información, a las opiniones y a las opciones culturales como condición para la democracia. Sin una esfera pública democrática, plural, no es posible la democracia. Debe, asimismo, garantizar la libertad de expresión, sin que quede abierta la posibilidad de la censura, sea ésta previa o a posteriori.

Una democratización significa normar restricciones a los monopolios y oligopolios en los medios y avanzar en la democratización de la propiedad y el control de los medios, porque si no, 80% de la audiencia seguirá controlada por la estructura monopólica de los medios corporativos.

Una nueva normativa debe avanzar en la contraloría social de los medios, sin duda un objetivo democratizador, dado que los medios juegan un papel vital en la construcción del imaginario colectivo y de la reproducción cultural, en la educación y en el acceso a la información.

En materia de los medios audiovisuales, es necesario recordar que las ondas radioeléctricas son patrimonio de la humanidad, administradas por cada Estado. Ningún particular puede ser propietario de una frecuencia, pues solo tiene derecho a usufructuar una concesión otorgada por el Estado. El uso de las ondas radioeléctricas es para la nación en su totalidad y corresponde al Estado tomar las medidas administrativas acorde con los marcos legales establecidos.

En el caso venezolano, no sólo es procedente sino necesario democratizar el uso de ese bien público, mediante una reingeniería de frecuencias y licencias, que permita una distribución equitativa entre el sector estatal, el privado y el espacio público. Por lo menos, ese es el criterio que prima en las legislaciones más adelantadas en el continente. Pero si esta sociedad avanzara hacia el socialismo, ¿no se debiera hablar de un solo y gran espacio público? Asimismo, es necesario establecer una vigilancia de su uso a través de un marco regulatorio que garantice su uso democrático.

No es suficiente realizar una nueva redistribución de las licencias efectivamente democrática y limitar la cantidad de emisoras que pueden participar en una red. Es necesario tener presente que la cartelización de los medios privados venezolanos no se basa tanto en el régimen de transmisión (redes) como en la difusión unívoca de mensajes. De allí la necesidad de establecer un marco regulatorio preciso que, en ningún caso, debería atentar contra la libertad de expresión, principio considerado como el valor absoluto en un sistema democrático.

Comunicación y democracia

Hoy somos concientes de que el tema de los medios de comunicación social tiene relación directa con el futuro de nuestras democracias, porque la dictadura mediática pretende suplantar a las dictaduras militares de tres décadas atrás. Hoy no hacen falta bayonetas: los medios llevan el bombardeo ideológico hasta la sala o el dormitorio, en su propia casa.

Desde el Norte, nos bombardean con una gran cantidad de información-basura que solo sirve para desinformarnos y sentirnos dependientes. Sabemos de Afganistán y los talibanes, pero no conocemos siquiera nuestro reflejo y mucho menos a nuestros propios vecinos.

Son los grandes grupos económicos, que usan a los medios y deciden quién tiene o no la palabra, quien es el protagonista y quién el antagonista.
Y plantean una realidad virtual, invisibilizando la realidad adversa a sus intereses. La democracia sigue instalada como sistema formal, sin apropiación ciudadana, razón por la cual su institucionalidad es precaria. Construir democracia es construir ciudadanía, empoderar a los pobres.

También somos concientes del necesario cambio de paradigmas. Hemos sido entrenados para pensar que prensa alternativa significa comunicación marginal. Hoy sabemos que la única forma de plantearse la batalla de las ideas es con una estrategia comunicacional masiva, que sea realmente alternativa al bombardeo constante, hegemónico, que nos llega desde el Norte.

No cabe duda de que los medios comunitarios, populares, alternativos, son un paso en el camino a la democratización, pero por sí mismo no son suficientes. Podemos tener centenares de medios comunitarios, pero si el 93% de la audiencia está controlada por una estructura monopólica y/o oligopólica de los medios corporativos comerciales, poco será lo que habremos avanzado en la dirección de la democratización.

Debemos tener conciencia de que lo que se está librando es una guerra cultural, la batalla de las ideas. Es una guerra que no se agota en consignas, sino para la cual hay que prepararse adecuadamente. Para ello debemos adueñarnos de la tecnología, aprender a usarla mejor –o tan bien- como el enemigo y, sobre todo, tener en claro para qué queremos esas armas, para que, en definitiva, no se sumen al arsenal hegemónico en contra de nuestros propios pueblos.

Las últimas experiencias nos indican, asimismo, que de nada sirve tener medios nuevos, televisoras nuevas, si no tenemos nuevos contenidos, si seguimos copiando las formas hegemónicas. De nada sirven nuevos medios si no creemos en la necesidad de vernos con nuestros propios ojos.
Porque lanzar medios nuevos para repetir el mensaje del enemigo, es ser cómplice del enemigo.

- Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director del mensuario Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC)