Ponencia: Retos y desafíos de la solidaridad ante la impunidad y la globalización del mercado

Ponencia leida por J Orozco.

“El neoliberalismo es un programa cuyo objetivo es la destrucción metódica de los colectivos y de lo colectivo”.
Pierre Bordieu

La impunidad y la globalización del mercado van juntas y no afectan solo a una región del mundo.

Son problemas comunes de los pueblos.

La impunidad no es la sola ausencia de sanción judicial. La impunidad es la condición legal y culturalmente instituida por un estado que ha cometido crímenes masivos dijo Iván Cepeda en EUA al recibir hace pocos días el premio Medalla a la Libertad.

Expresó que la impunidad crea una relación de control del victimario sobre las víctimas, y para que esa dominación no termine siendo natural es necesario preservar en la memoria las campañas de exterminio del pasado y ser conscientes de las estructuras de opresión del presente, deslegitimarlas como pedía F. Houtart.

Pero sacar a las víctimas del control del verdugo, es un reto que pasa por una organización de víctimas donde la reparación incluye deslegitimar al verdugo y sus instituciones; la reparación no comienza por tasar los daños, sino por la reconstrucción de la sociedad y por la superación de las causas del conflicto, para que no se repitan.

Pero la existencia del conflicto es negada por el gobierno de Colombia, lo que le permite involucrar más a la población civil y violar el DIH. Es un reto seguir explicando el carácter social, económico y político del conflicto colombiano y la necesidad de aplicar el principio de distinción y la solución política negociada.

Pero más allá de la impunidad nacional existe otra impunidad más fuerte, la de la globalización y el mercado que no solo afecta a la gente colombiana, también a los pueblos de los países desarrollados. Aquí, en Asturias, por ejemplo, apresaron a dos sindicalistas para paralizar la protesta social, porque la prioridad -allá y aquí- son las inversiones, el comercio, la especulación con el suelo y la vivienda para incrementar ganancias, no los derechos humanos, ni la justicia social.

Allá y aquí el reto es mantener vivo y actuando lo común y lo colectivo, único espacio social donde se puede combatir a la globalización de las multinacionales con una lógica y una dinámica distinta a la de las ganancias y el individualismo.

Además, ’No basta con luchar para que un individuo no sea torturado, ni solo porque se castigue al torturador, decía Roberto Garretón, abogado chileno funcionario de la ONU.

Necesitamos abolir la tortura, transformar el sistema que produce el genocidio, la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, el secuestro, el desplazamiento forzado. Y los derechos humanos son la vía más universal para construir ese ideal de convivencia justo. Es un reto la construcción de un nuevo país, de sociedades diferentes, desde el respeto escrupuloso de los derechos humanos.

En contraste con otras sociedades en las que también han cometido el genocidio y la guerra, en Colombia las atrocidades se han escondido bajo un sistema de democracia simulada. Esto implica un reto de mayor y mejor denuncia, una Diplomacia Ciudadana, que denuncie y construya alianzas y sensibilidades en los barrios y dentro de las organizaciones e instituciones de Europa y de los EUA, que denuncie la impunidad en ambos lados, la permeabilidad del Estado colombiano al narcotráfico, el paramilitarismo, el terror y la corrupción de muchos Estados… que concite el acompañamiento sistemático de las resistencias al modelo y que ayude a hacer conciencia, en los países desarrollados, de la inconveniencia, por insostenible, del modelo de consumo energético actual, tanto en las empresas como en las familias. Que denuncie la cooperación y el uso de recursos públicos para el negocio de los agrocarburantes.

Que denuncie y combata, como dice Héctor Mondragón al empresariado que se beneficia (aquí y allá) de la ausencia de derechos y obligaciones laborales de los obreros, sean de la palma u otros agrocarburantes, o de otros sectores de la producción. Es un reto para el moviendo sindical colombiano que con todos sus vicios hace esfuerzos heroicos por no desaparecer y seguir luchando. Es un reto implicar más a los sindicatos de la UE para que, como los de EUA en los casos de Coca Cola, Drummond y Chiquita Brands, exijan al lado de las inversiones las garantías de respeto por los derechos fundamentales de los trabajadores del norte y del sur.

Tener presente que Colombia hoy no es prioritaria en la agenda de España, cuyo gobierno no se va a enfrentar con EUA por la situación colombiana. Tampoco la UE cuyo Parlamento respalda de manera decidida a Uribe. La UE está ocupada en el problema de la integración de los nuevos países miembros, en las guerras del medio oriente y los Balcanes y en la necesidad de aprobar su propia Constitución Europea.

Al respecto el encuentro de junio pasado en Madrid, “España-Unión Europea-Colombia, propuestas para la paz y los derechos humanos”, nos enseña que a pesar de esto, la UE comienza a dejar el inmovilismo con el tema colombiano y que España, cuya voz sobre Colombia se oye en la UE, centra sus relaciones al rededor de sus intereses. Si se posiciona junto al tema de los intereses la exigencia de mínimos democráticos y de respeto de los derechos humanos, podríamos incidir de mejor modo en su política exterior.

Y para incidir de mejor modo, hay necesidad de coordinar el discurso de las organizaciones de la sociedad civil, repetitivo, fragmentado, con poca fuerza, frente al de Uribe, que aparece coherente y con una buena estrategia de comunicación.

- Es clave reafirmar las fuentes de resistencia contra estos proyectos:
la resistencia de los trabajadores/as, que con gran sacrificio y lucha han mantenido sus organizaciones sindicales, como aquellos que se han visto obligados a constituir “cooperativas” y que como se demostró en enero de 2005 en Cesar, también pueden hacer huelgas exitosas y voltear contra los empresarios la ficción de la ausencia de contrato de trabajo, pues sus huelgas no pueden ser declaradas ilegales.
La resistencia de indígenas, afrocolombianos y campesinos que defienden sus territorios y derechos fundamentales. Reafirmar el derecho de los pueblos indígenas y campesinos a un territorio donde realizar su modo de vida, su cultura, cosmovisión, que contienen elementos de la sociedad del futuro, donde puedan producir sus alimentos y mantener el carácter imprescriptible, inenajenable, inembargable de ese espacio de propiedad colectiva.
La resistencia del movimiento ambientalista internacional que en todo el mundo está denunciando los nefastos impactos ecológicos de la fiebre del biodísel y la palma africana.

Reafirmar el derecho de los pueblos a la rebelión ante las agresiones neocoloniales, las guerras “humanitarias”, reconociendo que las resistencias armadas son legítimas ante una agresión del Estado que practica el terror o de una agresión externa imperial.

- De la manera como sepamos unir, tejer redes de redes, entre estas resistencias, desde lo común y convertir sus propuestas en un movimiento nacional y mundial, dependerá que las personas, las culturas y los bosques no sean consumidas en forma de agrocarburantes y podamos tener futuro como especie y como pueblos.

Esto es posible, de lo contrario siempre queda la opción de rezarle a San Judas Tadeo, patrón del trabajo y de las causas imposibles…

Colectivo de Colombianos Refugiados en Asturias “Luciano Romero Molina”.